Señales que no siempre son evidentes

“No sé explicar exactamente qué le pasa, pero noto que algo no va bien.”

A veces una consulta de psicología infantil no empieza con un diagnóstico, una llamada del colegio o un problema claramente identificado.

Empieza con una sensación.

Nuestro hijo sigue yendo al colegio. Juega. Se ríe. Tiene amigos. Quizá incluso obtiene buenas notas.

Pero algo nos preocupa.

Está más irritable. Se preocupa demasiado. Cada vez le cuesta más hacer los deberes. Explota por situaciones aparentemente pequeñas. Dice que no puede hacer las cosas. Pregunta continuamente si lo está haciendo bien. No quiere separarse de nosotros. Le cuesta dormir. Llega agotado del colegio. O simplemente tenemos la sensación de que necesita muchísimo esfuerzo para afrontar situaciones que a otros niños parecen resultarles sencillas.

Y entonces aparece una pregunta muy frecuente entre las familias:

“¿Cómo saber si mi hijo necesita un psicólogo?”

No siempre es fácil responderla.

Porque pedir ayuda psicológica no debería depender únicamente de que exista un problema grave o un diagnóstico.

A veces consultar sirve precisamente para comprender qué está ocurriendo antes de que una dificultad termine ocupando demasiado espacio en la vida del niño y de su familia.

No hace falta esperar a que un niño esté mal para pedir ayuda

Durante mucho tiempo hemos asociado acudir al psicólogo con encontrarse muy mal. Y esto provoca que algunas familias esperen.

  • Esperan a ver si se le pasa.
  • Esperan a que madure.
  • Esperan a que el colegio detecte algo.
  • Esperan a que las notas bajen.
  • Esperan hasta que aquello que inicialmente era una pequeña preocupación empieza a generar conflictos diarios, sufrimiento o dificultades importantes.

Sin embargo, una consulta psicológica también puede servir para comprender, orientar y prevenir.

No todos los niños que acuden a un psicólogo infantil tienen un trastorno. Y tampoco todas las evaluaciones terminan con un diagnóstico.

A veces la familia necesita comprender por qué su hijo reacciona de determinada manera, por qué aprender le supone tanto esfuerzo, por qué necesita tanta aprobación, por qué le cuesta relacionarse o por qué parece diferente en casa y en el colegio.

No necesitamos esperar a que un niño esté mal para intentar comprender por qué algo le está costando.

¿Qué señales pueden indicar que un niño necesita ayuda psicológica?

No existe una lista de señales que nos permita decidir automáticamente cuándo acudir a un psicólogo infantil.

Un enfado no significa que exista un problema de conducta. Tener miedo no significa tener un trastorno de ansiedad. Distraerse no significa tener TDAH. Preferir jugar solo no significa tener autismo.

Lo importante es observar al niño en su conjunto.

Más que preguntarnos únicamente “¿hace esto?”, conviene preguntarnos con qué frecuencia ocurre, desde cuándo, con qué intensidad, en qué situaciones aparece y cuánto está interfiriendo en su bienestar y en su vida cotidiana.

Puede ser recomendable consultar cuando observamos cambios importantes y persistentes en el comportamiento, dificultades emocionales que generan sufrimiento, miedos que empiezan a limitar actividades, problemas frecuentes de regulación emocional, dificultades significativas de aprendizaje o atención, problemas en las relaciones sociales o una pérdida progresiva de confianza en sí mismo.

También cuando el niño empieza a evitar situaciones que anteriormente afrontaba, aparecen dolores de barriga o de cabeza recurrentes asociados a determinados contextos, existe rechazo escolar, dificultades importantes con el sueño o conflictos familiares que se repiten constantemente.

Pero hay otra señal de la que se habla mucho menos:

cuando aparentemente todo va bien, pero mantener ese “estar bien” requiere un esfuerzo enorme.

“Pero en el colegio nos dicen que está bien

Esta es una frase que escuchamos con frecuencia.

En casa vemos dificultades, pero desde el colegio nos dicen que el niño trabaja, cumple las normas, tiene amigos y no genera ningún problema.

¿Quién tiene razón?

Probablemente ambos.

Los niños no necesariamente se comportan igual en todos los contextos.

El colegio tiene una estructura, unas demandas, unas normas y unas relaciones diferentes a las de casa. Algunos niños realizan durante toda la jornada escolar un gran esfuerzo de atención, autocontrol, adaptación social o regulación emocional.

Al llegar a casa, ese esfuerzo puede hacerse visible en forma de cansancio, irritabilidad, oposición o explosiones emocionales.

Por eso, cuando evaluamos a un niño, resulta fundamental recoger información de diferentes contextos.

Que una dificultad no sea evidente en el colegio no significa automáticamente que no exista, del mismo modo que una conducta que aparece únicamente en casa necesita comprenderse dentro de ese contexto.

En nuestro artículo “Mi hijo se porta bien en el colegio y explota en casa: ¿por qué?” profundizamos precisamente en esta diferencia entre contextos y en el esfuerzo de autorregulación que algunos niños realizan durante el día.

“Tiene buenas notas, así que pensamos que no podía tener ninguna dificultad”

Las notas nos dan información sobre el rendimiento académico.

Pero no nos cuentan toda la historia.

Un niño puede obtener buenas calificaciones y necesitar muchísimo más tiempo que sus compañeros para estudiar.

Puede compensar una dificultad lectora gracias a una buena capacidad de razonamiento.

Puede tener altas capacidades y, al mismo tiempo, presentar dificultades emocionales, atencionales o de aprendizaje.

Puede cumplir académicamente mientras desarrolla una enorme ansiedad ante los exámenes.

Puede pasar desapercibido porque nunca molesta.

O puede llegar a casa completamente agotado después de haber dedicado gran parte de sus recursos a funcionar adecuadamente durante toda la jornada.

Rendimiento y bienestar no son sinónimos.

Por eso una de las preguntas más importantes no es únicamente:

“¿Cómo le va en el colegio?”

Sino:

“¿Cuánto le está costando conseguir que le vaya así?”

A veces la señal aparece en lo que el niño dice sobre sí mismo

Hay frases infantiles que merece la pena escuchar con atención.

  • “Soy tonto.”
  • “A mí nunca me sale.”
  • “Los demás son mejores.”
  • “No quiero hacerlo porque seguro que estará mal.”
  • “No puedo.”
  • “Me da igual.”

No significa que una frase aislada sea motivo de alarma.

Pero cuando este discurso se repite, puede estar mostrándonos cómo está construyendo el niño su percepción sobre sí mismo.

En ocasiones, detrás de la necesidad constante de aprobación o del miedo a equivocarse encontramos inseguridad, perfeccionismo o una autoestima demasiado vinculada al rendimiento.

Por eso también puede interesarte nuestro artículo Mi hijo pregunta constantemente si lo está haciendo bien: ¿inseguridad, perfeccionismo o miedo a equivocarse?.

¿Y si simplemente necesita madurar?

Esta pregunta es completamente razonable. El desarrollo infantil no es lineal.

Hay etapas de mayor dependencia, periodos de miedo, cambios emocionales, dificultades para tolerar la frustración y momentos en los que determinados aprendizajes necesitan más tiempo.

No debemos convertir cada dificultad infantil en un problema psicológico.

Pero tampoco deberíamos utilizar siempre “ya madurará” como única explicación.

Cuando tenemos dudas, podemos observar cuatro aspectos especialmente importantes: duración, intensidad, frecuencia e interferencia.

  • ¿Hace cuánto ocurre?
  • ¿La reacción es mucho más intensa de lo esperable para la situación?
  • ¿Ocurre de manera puntual o se repite constantemente?
  • ¿Está interfiriendo en su aprendizaje, sus amistades, su autonomía, su vida familiar o su bienestar?

Cuanto mayor sea la interferencia, más sentido tiene consultar.

¿Una evaluación psicológica significa que van a ponerle una etiqueta?

Este es uno de los miedos más frecuentes de algunas familias. Y es comprensible.

Pero una buena evaluación psicológica infantil no debería empezar intentando encajar al niño dentro de una etiqueta.

Debería empezar intentando comprender al niño.

  • Cómo aprende.
  • Cómo procesa la información.
  • Cómo regula sus emociones.
  • Qué ocurre con su atención.
  • Cómo se relaciona.
  • Qué fortalezas tiene.
  • Qué situaciones le cuestan.
  • Qué observan la familia y el colegio.
  • Y qué necesita para funcionar mejor.

En algunos casos, este proceso puede conducir a un diagnóstico. En otros, permite detectar determinadas dificultades o necesidades sin que exista necesariamente un trastorno.

El objetivo de una evaluación no debería ser encontrar una etiqueta.

Debería ser encontrar respuestas.

¿Cuándo puede ser recomendable una evaluación de TDAH, TEA, dislexia o altas capacidades?

Muchas familias llegan a consulta preguntándose si determinadas características de su hijo podrían estar relacionadas con un perfil concreto.

Puede haber sospechas de TDAH cuando existen dificultades persistentes relacionadas con la atención, impulsividad, regulación o funciones ejecutivas que interfieren significativamente en diferentes áreas de la vida.

En otros casos aparecen dudas relacionadas con el TEA, especialmente cuando observamos diferencias persistentes en comunicación e interacción social junto con patrones restringidos o repetitivos de comportamiento, intereses o procesamiento sensorial que requieren una valoración especializada.

Las dificultades persistentes en lectura y escritura pueden hacer recomendable explorar la presencia de dislexia u otras dificultades específicas del aprendizaje.

Y cuando observamos una capacidad de razonamiento especialmente elevada, aprendizajes muy rápidos, intereses intensos o un perfil que parece adelantado en determinadas áreas, puede resultar útil valorar posibles altas capacidades.

Sin embargo, ninguna de estas características aisladas permite realizar un diagnóstico.

Precisamente por eso es importante realizar una evaluación individualizada cuando existen dudas.

Cuando un niño “puede hacerlo”, pero algo se lo impide

Otra situación frecuente aparece cuando sabemos que el niño tiene capacidad para realizar determinadas tareas, pero su rendimiento es extremadamente variable.

Un día consigue organizarse perfectamente y al siguiente parece incapaz de empezar.

Puede concentrarse durante muchísimo tiempo en determinados intereses, pero no consigue mantener la atención en otras actividades.

Sabe qué tiene que hacer, pero necesita que el adulto se lo recuerde continuamente.

En estos casos, conviene explorar qué papel pueden estar teniendo las funciones ejecutivas, la atención, la ansiedad, la motivación, el perfeccionismo, el cansancio o determinadas dificultades de aprendizaje.

Lo explicamos con más detalle en “Mi hijo puede hacerlo, pero no lo hace: cuando no es falta de ganas”.

Porque saber hacer algo y poder hacerlo en ese momento no siempre son la misma cosa.

¿Qué debería incluir una buena evaluación psicológica infantil?

No todas las evaluaciones necesitan las mismas pruebas porque no todos los niños llegan con las mismas preguntas.

Una valoración debería diseñarse a partir del motivo de consulta, la edad, la historia evolutiva, el funcionamiento cotidiano y las hipótesis que sea necesario explorar.

Dependiendo del caso, puede incluir entrevistas con la familia, información del colegio, observación clínica y pruebas estandarizadas destinadas a explorar diferentes áreas del funcionamiento cognitivo, emocional, conductual, atencional, ejecutivo, académico, comunicativo o social.

Pero las puntuaciones de los tests nunca deberían interpretarse de forma aislada.

Evaluar no consiste en pasar pruebas. Consiste en integrar información para comprender un perfil.

Y una parte fundamental del proceso debería ser explicar posteriormente a la familia qué hemos encontrado, qué significa y, sobre todo, qué podemos hacer a partir de ese momento.

¿Dónde realizar una evaluación psicológica infantil en L’Hospitalet de Llobregat?

Cuando una familia busca un psicólogo infantil en L’Hospitalet de Llobregat, Esplugues de Llobregat o Cornellà de Llobregat, es importante encontrar un profesional que no se limite a observar la conducta que preocupa, sino que valore al niño teniendo en cuenta su desarrollo, aprendizaje, emociones y contexto familiar y escolar.

En el Centro de Psicología Laura Aut, en L’Hospitalet de Llobregat (Baix Llobregat), realizamos evaluación e intervención psicológica infantil y adolescente ante dificultades relacionadas con el neurodesarrollo, aprendizaje, atención, conducta y bienestar emocional.

Trabajamos, entre otros ámbitos, con posibles perfiles de TEA, TDAH, dislexia y otras dificultades del aprendizaje, altas capacidades, funciones ejecutivas, dificultades de comunicación, ansiedad, autoestima y regulación emocional.

La finalidad no es buscar un diagnóstico porque sí.

Es comprender qué está ocurriendo, identificar tanto las dificultades como las fortalezas y ofrecer a la familia orientaciones concretas que también puedan trasladarse, cuando sea necesario, al entorno escolar.

Experiencias de Laura Aut

Muchas familias llegan a consulta diciendo algo parecido a:

“No sabemos si estamos exagerando.”

Creo que esa frase explica muy bien por qué a veces cuesta tanto pedir una primera orientación.

Parece que necesitamos estar completamente seguros de que existe un problema antes de consultar.

Pero precisamente acudimos a un profesional porque no tenemos por qué saber qué está ocurriendo.

Como psicóloga infantil, no considero que todas las dificultades necesiten terapia ni que cada comportamiento diferente deba convertirse en un diagnóstico.

Pero sí creo que merece la pena escuchar cuando una familia, un profesor o el propio niño siente que algo está costando demasiado.

A veces encontraremos una dificultad específica. Otras veces necesitaremos simplemente ajustar expectativas, ofrecer estrategias o comprender mejor una etapa del desarrollo.

Y en algunos casos una evaluación permitirá poner nombre a algo que llevaba mucho tiempo generando dificultades.

Pedir orientación no significa asumir que algo va mal. Significa querer comprender mejor lo que está pasando.

Preguntas frecuentes sobre psicología infantil y evaluación

¿Cómo saber si mi hijo necesita ir al psicólogo?

Conviene valorar la frecuencia, intensidad, duración e interferencia de aquello que preocupa. Si una dificultad está generando sufrimiento o afectando significativamente al aprendizaje, relaciones, autonomía, vida familiar o bienestar emocional, puede ser recomendable solicitar orientación profesional.

¿Tengo que esperar a que el colegio detecte alguna dificultad?

No. La información del colegio es muy valiosa, pero algunos niños muestran dificultades diferentes según el contexto. Si la familia observa algo que le preocupa de manera persistente, puede consultar aunque desde la escuela no se haya detectado ningún problema.

¿Mi hijo puede necesitar ayuda psicológica aunque saque buenas notas?

Sí. Las calificaciones académicas no reflejan necesariamente el bienestar emocional ni el esfuerzo que necesita un niño para conseguir esos resultados. También pueden existir dificultades que estén siendo compensadas por otras fortalezas.

¿Ir al psicólogo significa que mi hijo tiene un trastorno?

No. Se puede consultar para recibir orientación sobre desarrollo, comportamiento, emociones, aprendizaje o relaciones sin que exista necesariamente un trastorno psicológico.

¿A qué edad puede hacerse una evaluación psicológica infantil?

La valoración puede realizarse desde edades tempranas cuando existe una preocupación relacionada con el desarrollo. El procedimiento, las herramientas utilizadas y los objetivos de la evaluación deben adaptarse a la edad y características del niño.

¿Qué diferencia hay entre evaluación psicológica y neuropsicológica infantil?

Depende del objetivo de la valoración. Una evaluación psicológica puede explorar aspectos emocionales, conductuales, cognitivos y relacionales. La evaluación neuropsicológica profundiza especialmente en procesos cognitivos como atención, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas o habilidades visuoespaciales. En la práctica clínica, las áreas exploradas deben seleccionarse en función de las necesidades de cada caso.

¿Cuánto dura una evaluación psicológica infantil?

No existe una duración única. Depende de la edad del niño, el motivo de consulta, las áreas que necesiten explorarse y las pruebas necesarias. Una evaluación rigurosa debe disponer del tiempo suficiente para recoger información, valorar al niño e integrar posteriormente los resultados.

¿Es necesario hablar con el colegio durante una evaluación?

No siempre, pero la información escolar puede ser especialmente útil cuando las dificultades afectan al aprendizaje, atención, conducta o relaciones sociales. Comparar diferentes contextos ayuda a comprender mejor el funcionamiento del niño.

¿Dónde puedo realizar una evaluación de TDAH, TEA, dislexia o altas capacidades en L’Hospitalet?

En el Centro de Psicología Laura Aut, en L’Hospitalet de Llobregat, realizamos evaluaciones psicológicas infantiles y juveniles ante sospechas relacionadas con TDAH, TEA, dificultades del aprendizaje, dislexia, altas capacidades y otras necesidades del neurodesarrollo, además de valorar aspectos emocionales y conductuales cuando el caso lo requiere.

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Referencias y bibliografía científica

American Psychiatric Association. (2023). DSM-5-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Editorial Médica Panamericana.

Portellano Pérez, J. A., & García Alba, J. (2014). Neuropsicología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria. Síntesis.

Tirapu-Ustárroz, J., García-Molina, A., Luna-Lario, P., Roig-Rovira, T., & Pelegrín-Valero, C. (2008). Modelos de funciones y control ejecutivo (I). Revista de Neurología, 46(11), 684–692.

Bisquerra Alzina, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Síntesis.

Este artículo ha sido elaborado por el equipo de Psicología Laura Aut a partir de la evidencia científica disponible y de nuestra experiencia profesional con niños, adolescentes y familias. Tiene finalidad divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica individualizada.

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