“¿Y después qué vamos a hacer?”

Se lo acabamos de explicar.

“Primero vamos a comprar y después iremos a casa.”

Dos minutos más tarde:

“¿Pero después de comprar qué hacemos?”

Se lo repetimos.

Y al poco rato vuelve a preguntar.

Otras veces no pregunta. Simplemente necesita conocer cada detalle: quién vendrá, cuánto tiempo estaremos, dónde aparcaremos, qué ocurrirá después, si podrá llevarse algo, cuándo volveremos a casa o qué pasará si el plan cambia.

Desde fuera puede parecer que quiere controlarlo todo.

Pero quizá no esté intentando controlar a los demás.

Quizá esté intentando hacer predecible un mundo que, en ese momento, siente demasiado imprevisible.

Y esta diferencia cambia mucho nuestra manera de entenderlo.

Cuando saber lo que viene después da seguridad

Los seres humanos necesitamos cierta capacidad para anticipar.

Saber aproximadamente qué va a ocurrir nos permite organizarnos, prepararnos y sentir que tenemos cierto control sobre nuestro entorno.

Los niños también necesitan esa previsibilidad. Por eso las rutinas son tan importantes durante el desarrollo.

Saber que después de cenar viene el baño, después el cuento y finalmente dormir ayuda a construir una sensación de seguridad.

Sin embargo, algunos niños necesitan mucha más información que otros para conseguir esa misma tranquilidad.

No les basta con saber que mañana iremos a un cumpleaños.

Necesitan saber dónde será.

  • Quién estará.
  • Cuánto durará.
  • Qué harán allí.
  • Si conocerán a los niños.
  • Qué ocurrirá cuando lleguen.

Y, por supuesto:

  • “¿A qué hora nos iremos?”

La pregunta importante no es solamente por qué quiere saber tantas cosas.

También podemos preguntarnos:

¿Qué siente cuando no las sabe?

“Pero ya se lo he explicado cinco veces”

Esta es una situación especialmente desconcertante para los adultos.

Porque respondemos.

El niño parece haberlo entendido.

Y vuelve a preguntar exactamente lo mismo.

Entonces pensamos:

“Pero si ya te lo he dicho.”

Y probablemente sea cierto.

El problema es que, en ocasiones, la pregunta no busca únicamente obtener información.

Busca recuperar seguridad.

La respuesta del adulto tranquiliza momentáneamente al niño. Pero aparece de nuevo la incertidumbre y necesita volver a comprobar que el plan continúa siendo el mismo.

Por eso repetir la respuesta indefinidamente no siempre resuelve la necesidad que existe debajo.

Es parecido a lo que puede ocurrir cuando un niño pregunta constantemente si está haciendo algo bien: a veces no necesita una información nueva, sino volver a sentir certeza.

La incertidumbre no se siente igual para todos los niños

Imaginemos que decimos:

“Esta tarde quizá vayamos al parque.”

Un niño puede pensar:

“Vale.”

Otro puede empezar inmediatamente:

“¿Quizá significa que sí o que no?”

“¿A qué parque?”

“¿A qué hora?”

“¿Quién viene?”

“¿Y si llueve?”

“¿Entonces qué hacemos?”

“¿Y después?”

No necesariamente está siendo pesado, desafiante o exigente.

La diferencia puede estar en cuánto malestar genera en cada niño no conocer la respuesta.

Algunos pueden dejar una pregunta abierta con relativa facilidad.

Otros sienten una necesidad mucho mayor de cerrarla.

¿Por qué a mi hijo le cuesta tanto no saber qué va a pasar?

No existe una única explicación.

En algunos niños encontramos una mayor intolerancia a la incertidumbre: las situaciones ambiguas, nuevas o poco predecibles generan un nivel elevado de preocupación.

En otros puede existir ansiedad anticipatoria. El niño intenta imaginar todos los escenarios posibles para prepararse y reducir la posibilidad de que algo le sorprenda.

También puede haber dificultades relacionadas con la flexibilidad cognitiva: cambiar rápidamente de una expectativa a otra requiere un esfuerzo considerable.

Otros niños necesitan anticipación porque les cuesta construir mentalmente qué ocurrirá en una situación que todavía no conocen.

Y también encontramos niños que han desarrollado una elevada necesidad de control porque comprobar, preguntar o planificar les proporciona temporalmente una sensación de seguridad.

Por eso no deberíamos quedarnos únicamente con:

“Necesita controlarlo todo.”

Conviene preguntarnos:

“¿Qué consigue emocionalmente cuando siente que tiene todo controlado?”

Cuando un cambio pequeño provoca una reacción enorme

Habíamos dicho que después del colegio iríamos al parque.

Pero empieza a llover.

Cambiamos el plan.

Para nosotros es una modificación pequeña:

“Bueno, pues vamos a casa.”

Para nuestro hijo puede no serlo.

Se enfada.

Llora.

Insiste en que habíamos dicho que iríamos.

Parece incapaz de aceptar una explicación que, desde nuestra perspectiva adulta, es completamente lógica.

Y pensamos:

“No puede ponerse así simplemente porque no vayamos al parque.”

Probablemente no se esté poniendo así únicamente por el parque.

Puede estar reaccionando al esfuerzo que supone desmontar rápidamente una expectativa y construir otra nueva.

Había anticipado mentalmente lo que ocurriría.

Su cerebro ya tenía un plan.

Y ahora necesita reorganizarlo.

Lo que para nosotros es “cambiar de plan”, para algunos niños supone realizar todo un proceso de adaptación.

¿Necesitar rutinas significa tener autismo?

No!

Es importante decirlo claramente.

Muchísimos niños prefieren las rutinas, necesitan anticipación o se sienten incómodos ante determinados cambios y eso, por sí solo, no significa que tengan un trastorno del espectro autista (TEA).

En el TEA pueden existir patrones de inflexibilidad, necesidad de predictibilidad, dificultades ante las transiciones o malestar frente a determinados cambios. Pero estas características deben comprenderse dentro de un perfil mucho más amplio que incluye otras áreas del desarrollo y del funcionamiento cotidiano.

También podemos encontrar una elevada necesidad de anticipación en niños con ansiedad, TDAH, determinadas dificultades de regulación emocional o simplemente en niños cuyo temperamento hace que necesiten mayor previsibilidad.

Por eso una característica aislada nunca debería convertirse automáticamente en un diagnóstico.

Ansiedad y necesidad de control: ¿qué relación tienen?

Cuando algo nos genera ansiedad, nuestro cerebro intenta reducir la incertidumbre.

Buscamos información. Comprobamos. Planificamos. Anticipamos.

Intentamos eliminar todas las posibilidades de que algo salga mal.

En cierta medida, esto puede resultar útil.

El problema aparece cuando necesitamos tener prácticamente todas las respuestas para poder sentirnos tranquilos.

Entonces puede aparecer un círculo:

incertidumbre → preocupación → pregunta o comprobación →

tranquilidad momentánea → nueva duda → nueva comprobación.

Y cuanto más intentamos eliminar completamente la incertidumbre, menos oportunidades tenemos de descubrir algo esencial:

que podemos no saber exactamente qué ocurrirá y aun así ser capaces de afrontarlo.

Anticipar ayuda, pero anticiparlo absolutamente todo puede no ayudar

Este es uno de los equilibrios más importantes.

Si un niño necesita anticipación, proporcionársela puede ser una estrategia muy adecuada.

  • Podemos explicar qué ocurrirá.
  • Utilizar calendarios.
  • Crear horarios visuales.
  • Preparar previamente situaciones nuevas.
  • Avisar de las transiciones.
  • Contar qué cosas sabemos y cuáles todavía no sabemos.

Pero nuestro objetivo no debería ser conseguir que el mundo sea completamente predecible, porque no podemos hacerlo.

Y porque el niño también necesita desarrollar progresivamente recursos para enfrentarse a pequeñas dosis de incertidumbre.

Anticipar no consiste en eliminar todos los cambios. Consiste en proporcionar suficiente seguridad para que, poco a poco, el niño pueda aprender a afrontarlos.

Podemos empezar a diferenciar “lo que sabemos” de “lo que todavía no sabemos”

Esta estrategia puede resultar especialmente útil.

Imaginemos que mañana vamos a una excursión.

Podemos decir:

“Esto es lo que sabemos:”

  • Vamos después de desayunar.
  • Iremos en coche.
  • Estaremos juntos.
  • Volveremos por la tarde.

Y después:

“Esto todavía no lo sabemos:”

  • No sabemos exactamente dónde aparcaremos.
  • No sabemos si habrá mucha gente.
  • No sabemos si comeremos a la una o a la una y media.

Y podemos añadir:

  • “Cuando lo sepamos, lo resolveremos.”

Este último mensaje es especialmente importante.

Porque no estamos prometiendo certeza.

Estamos transmitiendo capacidad para afrontar lo que ocurra.

¿Qué podemos decir cuando pregunta por quinta vez “qué vamos a hacer después”?

En lugar de responder cada vez con una explicación completamente nueva, podemos intentar reconocer primero la necesidad:

“Veo que necesitas tener claro el plan.”

“Ya sabes lo que ocurrirá hasta la hora de comer. Lo de después todavía no lo sabemos.”

“Entiendo que preferirías saberlo ahora.”

“Aunque todavía no lo sepamos, podremos decidirlo después.”

También podemos recurrir a una agenda, calendario o apoyo visual para que el niño pueda consultar la información sin necesitar preguntar constantemente al adulto.

El objetivo no es responder:

“¡Ya te lo he explicado cinco veces!”

Pero tampoco necesitamos entrar en un ciclo infinito de tranquilización.

Queremos transmitir dos mensajes simultáneamente:

“Entiendo que no saber te cuesta.”

y

“Confío en que puedes aprender a tolerarlo.”

¿Y si necesita que todo ocurra exactamente como habíamos dicho?

En algunos niños no basta con conocer el plan.

Necesitan que se cumpla exactamente.

Habíamos dicho que saldríamos a las cinco y son las cinco y diez.

Habíamos dicho que vendría la abuela y finalmente viene el abuelo.

Habíamos dicho que cenaríamos pizza, pero el restaurante está cerrado.

Estos cambios pueden provocar un malestar considerable.

Aquí podemos trabajar progresivamente la idea de que existen planes y posibilidades.

Por ejemplo:

“El plan A es ir al parque. Si llueve, tendremos un plan B.”

O:

“Creo que llegaremos a las seis, pero puede ser un poco antes o un poco después.”

Introducir pequeñas variaciones dentro de un contexto seguro puede ayudar a desarrollar flexibilidad sin someter al niño a cambios innecesariamente intensos.

La flexibilidad no se enseña provocando constantemente imprevistos

A veces podemos pensar:

“Tiene que acostumbrarse.”

Y entonces dejamos de anticipar, cambiamos planes intencionadamente o evitamos ofrecer apoyos porque queremos que aprenda a adaptarse.

Pero exponer a un niño a un nivel de incertidumbre que supera sus recursos no necesariamente desarrolla flexibilidad.

Puede generar más ansiedad.

La flexibilidad se construye mejor cuando existe una base suficiente de seguridad y el desafío aumenta progresivamente.

Primero ayudamos.

Después acompañamos.

Y poco a poco dejamos más espacio para que el niño descubra que puede gestionar aquello que no estaba previsto.

Cuando preguntar constantemente se convierte en una forma de tranquilizarse

También conviene observar qué ocurre después de responder.

¿La respuesta resuelve realmente la duda?

¿O necesita preguntar otra vez pocos minutos después?

¿Aparecen nuevas preguntas inmediatamente?

¿Necesita que prometamos que algo ocurrirá exactamente de una determinada manera?

¿Se angustia mucho cuando no podemos darle una respuesta segura?

Cuando la búsqueda de certeza se vuelve muy intensa, puede ser importante explorar si existe ansiedad u otra dificultad que esté haciendo especialmente difícil tolerar la incertidumbre.

Esto guarda relación con lo que explicamos en “Mi hijo pregunta constantemente si lo está haciendo bien: ¿inseguridad, perfeccionismo o miedo a equivocarse?”.

En ambos casos, la pregunta puede proporcionar tranquilidad.

Pero el objetivo a largo plazo no es conseguir responder todas las dudas del niño.

Es ayudarle a desarrollar recursos para que no necesite tener todas las respuestas para sentirse seguro.

Cuando el problema aparece especialmente antes del colegio

Hay niños que necesitan conocer con muchísimo detalle qué ocurrirá durante la jornada escolar.

Quién será el profesor.

Si habrá educación física.

Qué harán después del recreo.

Quién los recogerá.

Qué ocurrirá si falta un profesor.

Los cambios de curso, excursiones, sustituciones, actividades especiales o modificaciones inesperadas pueden aumentar especialmente esta necesidad.

En estas situaciones, la coordinación entre familia y colegio puede ser muy útil.

Y cobra especial importancia comprender que el comienzo de un nuevo curso no supone empezar emocionalmente desde cero, algo de lo que hablamos en nuestro artículo sobre la vuelta al colegio.

La opinión de Laura Aut

Cuando un niño necesita saber constantemente qué va a ocurrir después, intento no quedarme únicamente con la aparente necesidad de control.

Me interesa saber qué ocurre cuando no puede anticipar.

Porque dos niños pueden hacer exactamente la misma pregunta y necesitar cosas completamente diferentes.

Uno puede sentir curiosidad.

Otro puede necesitar organizar mentalmente la actividad.

Otro puede tener dificultades para cambiar de una tarea a otra.

Y otro puede estar intentando reducir una ansiedad que aparece cada vez que algo queda abierto.

Por eso creo que hay una diferencia importante entre enseñar a un niño que “no puede controlarlo todo” y ayudarle a descubrir que “no necesita controlarlo todo para estar seguro”.

Esta segunda idea es mucho más poderosa.

Porque nuestro objetivo no es conseguir que deje de necesitar estructura.

Es conseguir que esa estructura no termine convirtiéndose en una condición imprescindible para poder estar bien.

¿Cuándo puede ser recomendable consultar con un psicólogo infantil?

Necesitar rutinas, preguntar qué haremos después o preferir conocer los planes con antelación no significa necesariamente que exista una dificultad psicológica.

Puede ser recomendable solicitar orientación cuando la necesidad de anticipación es muy intensa, las preguntas o comprobaciones ocupan gran parte del día, los cambios generan un malestar desproporcionado, el niño empieza a evitar actividades nuevas o la necesidad de control está interfiriendo significativamente en su vida familiar, escolar o social.

También cuando aparecen otras dificultades relacionadas con ansiedad, regulación emocional, atención, flexibilidad, comunicación o interacción social.

En el Centro de Psicología Laura Aut, en L’Hospitalet de Llobregat (Baix Llobregat), realizamos evaluación e intervención psicológica infantil y juvenil para comprender qué puede haber detrás de este tipo de conductas.

La valoración puede permitir explorar aspectos relacionados con ansiedad infantil, TEA, TDAH, funciones ejecutivas, regulación emocional, flexibilidad cognitiva y otros perfiles del neurodesarrollo, siempre teniendo en cuenta la historia y características individuales de cada niño.

Porque la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Cómo consigo que deje de preguntar qué vamos a hacer después?”

Quizá primero necesitemos preguntarnos:

“¿Qué hace que necesite tanto conocer la respuesta?”

Preguntas frecuentes sobre niños que necesitan saber qué va a pasar

¿Por qué mi hijo pregunta constantemente qué vamos a hacer después?

Puede hacerlo por muchos motivos: necesidad de organización, búsqueda de seguridad, ansiedad anticipatoria, dificultad para tolerar la incertidumbre, necesidad de anticipación o dificultades de flexibilidad. Es importante valorar el contexto y no interpretar una conducta aislada como un diagnóstico.

¿Es normal que un niño necesite saber todos los planes?

Los niños se benefician de cierta predictibilidad y las rutinas aportan seguridad. Conviene prestar más atención cuando la necesidad de conocer los planes es muy intensa o cuando no disponer de esa información genera un malestar importante.

¿La necesidad de rutinas y anticipación es una señal de autismo?

Puede formar parte del perfil de algunas personas con TEA, pero por sí sola no permite concluir que exista autismo. El diagnóstico requiere valorar diferentes áreas del desarrollo y el funcionamiento de la persona.

¿Por qué mi hijo se enfada tanto cuando cambiamos los planes?

Para algunos niños modificar una expectativa requiere un esfuerzo importante de flexibilidad y regulación emocional. También puede existir ansiedad ante situaciones inesperadas. Es útil observar qué tipos de cambios generan mayor dificultad y qué apoyos facilitan la adaptación.

¿Debemos avisarle siempre de todo para evitar que se enfade?

La anticipación puede ser muy útil, pero el objetivo no debería ser eliminar toda incertidumbre. Podemos proporcionar una estructura suficiente mientras ayudamos progresivamente al niño a tolerar pequeños cambios y situaciones que no podemos predecir.

¿Qué puedo hacer si pregunta lo mismo muchas veces?

Además de responder, puede ayudar identificar qué está intentando conseguir con la pregunta. Los calendarios, agendas y apoyos visuales pueden reducir la necesidad de comprobación. También podemos validar su incomodidad sin ofrecer nuevas garantías cada vez y transmitirle que podrá afrontar aquello que todavía no sabemos.

¿Cuándo debería consultar por esta necesidad de control?

Cuando genera un malestar significativo, provoca conflictos frecuentes, limita las actividades del niño, produce una ansiedad intensa ante los cambios o interfiere en su funcionamiento familiar, escolar o social, puede ser recomendable realizar una valoración profesional.

¿Dónde puedo consultar por ansiedad, rigidez o dificultades ante los cambios en L’Hospitalet?

En el Centro de Psicología Laura Aut, en L’Hospitalet de Llobregat (Baix Llobregat), trabajamos con niños, adolescentes y familias ante dificultades relacionadas con ansiedad, regulación emocional, flexibilidad, TDAH, TEA y otros aspectos del neurodesarrollo. Una evaluación individualizada permite comprender qué función tiene la necesidad de anticipación en cada caso y qué estrategias pueden resultar más adecuadas.

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Referencias y bibliografía científica

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Jenkinson, R., Milne, E., & Thompson, A. (2020). The relationship between intolerance of uncertainty and anxiety in autism: A systematic literature review and meta-analysis. Autism, 24(8), 1933–1944.

Boulter, C., Freeston, M., South, M., & Rodgers, J. (2014). Intolerance of uncertainty as a framework for understanding anxiety in children and adolescents with autism spectrum disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 44, 1391–1402.

Bisquerra Alzina, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Síntesis.

Orgilés, M., Méndez, X., Espada, J. P., Carballo, J. L., & Piqueras, J. A. (2012). Síntomas de trastornos de ansiedad en niños y adolescentes: diferencias en función de la edad y el sexo en una muestra comunitaria. Revista de Psiquiatría y Salud Mental, 5(2), 115–120.

American Psychiatric Association. (2023). DSM-5-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Editorial Médica Panamericana.

Este artículo ha sido elaborado por el equipo de Psicología Laura Aut a partir de la evidencia científica disponible y de nuestra experiencia profesional con niños, adolescentes y familias. Su finalidad es divulgativa y no sustituye una evaluación psicológica individualizada.

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