“Me ha empujado aposta.”

“Se estaban riendo de mí.”

“No me ha contestado porque está enfadado conmigo.”

“No me ha elegido porque no le caigo bien.”

“Lo ha hecho para molestarme.”

Intentas ofrecer otra explicación:

“Quizá no te ha visto.”

“Puede que estuvieran hablando de otra cosa.”

“A lo mejor simplemente quería jugar con otro niño esta vez.”

Pero tu hijo parece tenerlo clarísimo:

“No. Lo ha hecho aposta.”

Cuando estas situaciones se repiten, los adultos podemos acabar pensando que nuestro hijo es demasiado susceptible, que se toma todo a pecho o que siempre espera lo peor de los demás.

Sin embargo, quizá la pregunta más útil no sea:

“¿Por qué se toma todo tan mal?”

Quizá deberíamos preguntarnos:

“¿Cómo está interpretando lo que ocurre a su alrededor?”

Porque dos niños pueden vivir exactamente la misma situación y construir historias completamente diferentes sobre lo que acaba de pasar.

No reaccionamos solo a lo que ocurre, sino a lo que creemos que ha ocurrido

Imaginemos una escena muy habitual en el patio.

Un niño pasa corriendo y golpea accidentalmente a otro.

El primer niño puede pensar:

“Ha sido sin querer.”

Quizá se moleste durante unos segundos y continúe jugando.

Otro puede pensar:

“Me ha empujado aposta.”

Y a partir de ahí aparecen el enfado, la sensación de injusticia y posiblemente una respuesta:

“¡Pues ahora te empujo yo!”

La situación externa ha sido la misma.

Lo que ha cambiado es la interpretación de la intención del otro.

Esto es importante porque nuestras emociones y nuestras conductas no dependen únicamente de lo que sucede, sino también del significado que atribuimos a lo sucedido.

Si creo que alguien me ha golpeado accidentalmente, probablemente reaccionaré de una manera.

Si creo que alguien ha querido hacerme daño deliberadamente, mi reacción será muy diferente.

“Siempre piensa que los demás van contra él”

Algunas familias nos explican algo parecido:

“Siempre cree que se ríen de él.”

“Cualquier comentario piensa que es por él.”

“Si un amigo no quiere jugar, enseguida dice que ya no le cae bien.”

“Cuando alguien le corrige, siente que le están atacando.”

“Está convencido de que los demás hacen las cosas para fastidiarle.”

Cuando ocurre de forma ocasional, entra dentro de las dificultades normales que los niños pueden tener para interpretar situaciones sociales.

Pero cuando aparece constantemente, puede empezar a afectar a las amistades, a la convivencia familiar e incluso a la manera en que el niño se percibe a sí mismo.

Si interpreto continuamente que los demás me rechazan, se ríen de mí o intentan hacerme daño, mi mundo social empieza a sentirse mucho más amenazante de lo que quizá sea en realidad.

¿Por qué mi hijo interpreta las acciones de los demás como algo personal?

No existe una única explicación.

Y esto es especialmente importante: que un niño piense con frecuencia que los demás hacen las cosas “a propósito” no nos permite concluir que tenga un determinado diagnóstico.

Tenemos que comprender qué ocurre en ese niño concreto.

Puede costarle imaginar explicaciones alternativas

Cuando sucede algo ambiguo, nuestro cerebro intenta darle rápidamente un significado.

“¿Por qué no me ha saludado?”

Una posibilidad es:

“Está enfadado conmigo.”

Pero también podrían existir muchas otras:

  • No me ha visto.
  • Estaba pensando en otra cosa.
  • Tenía prisa.
  • Estaba hablando con alguien.
  • Hoy está preocupado.

La flexibilidad cognitiva nos permite mantener abiertas diferentes hipótesis antes de decidir cuál es la correcta.

Algunos niños, sin embargo, se quedan rápidamente con la primera interpretación y les cuesta considerar otras posibilidades.

No necesariamente porque sean negativos.

Puede que simplemente les resulte más difícil detenerse y pensar:

“¿Qué otras explicaciones podría haber?”

Cuando una experiencia anterior cambia cómo interpretamos la siguiente

Imaginemos ahora a un niño que durante meses ha tenido dificultades con sus compañeros.

  • Quizá se han reído de él.
  • Quizá ha vivido situaciones de rechazo.
  • Quizá alguna vez realmente le han dejado fuera deliberadamente.

Al día siguiente entra en clase y escucha a dos niños riéndose.

  • No sabe de qué hablan.

Pero piensa:

“Se están riendo de mí.”

¿Podría estar equivocado? Sí.

Pero su interpretación tampoco aparece de la nada.

Nuestro cerebro utiliza las experiencias anteriores para intentar predecir qué puede ocurrir después.

Por eso, cuando un niño interpreta muchas situaciones como rechazo, no deberíamos limitarnos a responder:

“Eso son imaginaciones tuyas.”

Conviene preguntarnos también:

“¿Ha ocurrido algo que le haya enseñado a estar tan pendiente del rechazo?”

“No todo gira alrededor de ti” probablemente no sea la respuesta que necesita

Cuando un niño interpreta continuamente las acciones de los demás como algo personal, puede resultar agotador.

Especialmente cuando nosotros vemos claramente otra explicación. Entonces aparecen frases como:

  • “Siempre piensas que todo es por ti.”
  • “Estás exagerando.”
  • “Seguro que no lo ha hecho con mala intención.”
  • “No puedes enfadarte por todo.”

El problema es que, en ese momento, el niño no siente que esté exagerando.

Para él, su interpretación es real.

Si empezamos directamente intentando convencerlo de que está equivocado, probablemente acabemos discutiendo sobre quién tiene razón.

Podemos hacer algo diferente.

Primero validamos la emoción, no necesariamente la interpretación

Existe una diferencia importante entre decir:

“Entiendo que te haya dolido pensar que no quería jugar contigo.”

y decir:

“Sí, seguro que no ha querido jugar contigo porque está enfadado.”

En la primera frase estamos validando cómo se siente.

En la segunda estamos confirmando una interpretación que quizá no sabemos si es cierta.

Podemos acompañar al niño sin asegurar que su explicación de lo ocurrido sea correcta.

Por ejemplo:

“Entiendo que te hayas enfadado.”

“Si has pensado que se estaban riendo de ti, tiene sentido que te hayas sentido mal.”

Y después podemos abrir una pequeña puerta:

“¿Sabemos seguro que era por ti o es una posibilidad?”

Esta pregunta puede ser mucho más útil que:

“Eso no ha pasado.”

Enseñarle a convertirse en un pequeño detective

Una estrategia muy útil consiste en ayudar al niño a diferenciar hechos, pensamientos y otras posibles explicaciones.

1. ¿Qué sé que ha ocurrido?

Solo buscamos los hechos:

  • “Dos niños estaban riéndose.”
  • “Mi amigo ha jugado con otro niño.”
  • “No me ha contestado cuando le he hablado.”
  • “Me han dado un golpe jugando al fútbol.”

2. ¿Qué ha pensado mi cabeza?

  • “Se ríen de mí.”
  • “Ya no quiere ser mi amigo.”
  • “Me está ignorando.”
  • “Me ha pegado aposta.”

3. ¿Qué otras explicaciones podrían existir?

  • “Quizá estaban hablando de otra cosa.”
  • “Puede jugar con otro niño y seguir siendo mi amigo.”
  • “Quizá no me ha oído.”
  • “Puede que me haya golpeado sin querer.”

Una interpretación es una posibilidad.
No necesariamente un hecho.

Una pregunta muy sencilla que podemos practicar en casa

Cuando aparezca una situación de este tipo podemos preguntarle:

“¿Qué sabes y qué estás imaginando?”

Por ejemplo:

“Sé que Marta no me ha contestado.”

Eso es un hecho.

“Creo que está enfadada conmigo.”

Eso es una interpretación.

Ahora podemos preguntarnos:

“¿Qué necesitaríamos saber para comprobarlo?”

Quizá preguntarle.

Esperar un poco.

Observar cómo se comporta después.

Buscar más información.

Estamos enseñando algo mucho más importante que resolver ese conflicto concreto.

Estamos enseñando al niño a no reaccionar inmediatamente a todas las conclusiones que genera su cabeza.

Cuando el enfado aparece antes de poder pensar

En algunos niños el problema no está únicamente en interpretar la situación.

También puede ocurrir que la reacción emocional sea tan rápida que no haya tiempo para analizarla.

“Me ha empujado aposta.”

Y antes de que un adulto pueda intervenir:

  • grita;
  • insulta;
  • empuja;
  • abandona el juego;
  • llora;
  • o decide que nunca volverá a hablar con ese compañero.

Aquí entran en juego también aspectos relacionados con la regulación emocional y las funciones ejecutivas.

Poder detener una respuesta automática, considerar otra explicación y decidir qué hacer requiere autocontrol, flexibilidad y capacidad para regular una emoción intensa.

Por eso decir simplemente:

“Piensa antes de actuar.”

puede ser mucho más complicado para el niño de lo que parece.

¿Puede ocurrir en niños con TDAH?

Sí, puede ocurrir, aunque no es una característica exclusiva del TDAH.

Algunos niños con TDAH pueden reaccionar rápidamente ante situaciones sociales, experimentar emociones con mucha intensidad o tener dificultades para frenar una respuesta antes de disponer de toda la información.

También pueden acumular experiencias de corrección, conflicto o rechazo que influyan en cómo interpretan determinadas situaciones.

Pero un niño que se toma las cosas personalmente no tiene TDAH necesariamente.

Tenemos que observar el conjunto de su funcionamiento.

¿Y puede estar relacionado con el autismo?

Algunos niños dentro del espectro autista pueden encontrar más difíciles determinadas situaciones sociales ambiguas, especialmente cuando es necesario inferir qué piensa otra persona, interpretar una intención o comprender señales sociales muy sutiles.

Sin embargo, tampoco deberíamos convertir una dificultad concreta de interpretación social en una señal automática de TEA.

Una evaluación del autismo requiere analizar muchas otras áreas del desarrollo, la comunicación, la interacción social, los patrones de comportamiento y la historia evolutiva.

La ansiedad también puede cambiar la forma en que interpretamos a los demás

Cuando estamos preocupados, nuestro cerebro presta especial atención a posibles amenazas.

En un niño con ansiedad social, por ejemplo:

  • una mirada puede sentirse como una crítica;
  • una risa puede interpretarse como una burla;
  • no recibir una respuesta puede convertirse en rechazo;
  • cometer un error delante de otros puede sentirse como una humillación.

El niño no está eligiendo conscientemente interpretar todo de manera negativa.

Puede estar funcionando con un sistema de alerta que detecta rápidamente posibles señales de peligro social.

Por eso trabajar únicamente la conducta sin abordar la inseguridad que existe debajo puede resultar insuficiente.

¿Y si realmente los demás lo hacen a propósito?

Este punto es fundamental. No podemos enseñar a los niños que todas sus interpretaciones negativas son equivocadas.

Porque a veces sí existe rechazo.

  • A veces un compañero se ríe.
  • A veces alguien excluye deliberadamente.
  • A veces existe una provocación.
  • Y, por supuesto, también pueden existir situaciones de acoso escolar.

El objetivo no es enseñar:

“Seguro que nadie quiere hacerte daño.”

El objetivo es enseñar:

“Antes de decidir qué ha ocurrido, vamos a intentar reunir suficiente información.”

Y cuando realmente existe una conducta inadecuada por parte de otros niños, debemos ayudarle a identificarla, poner límites, pedir ayuda y responder de manera adecuada.

Una frase que puede cambiar muchas conversaciones

La próxima vez que tu hijo diga:

“¡Lo ha hecho aposta!”

Antes de responder:

“No, seguro que no.”

podemos probar:

“Puede ser. ¿Qué otras posibilidades hay?”

Y después:
“¿Cómo podríamos averiguar cuál es la correcta?”

No negamos.

No confirmamos.

Abrimos posibilidades.

Y estamos ayudando a desarrollar pensamiento flexible, razonamiento social y regulación emocional al mismo tiempo.

Cuando todo se interpreta como rechazo

Hay otro aspecto al que merece la pena prestar atención.

¿Qué ocurre cuando la mayoría de las interpretaciones del niño terminan en la misma conclusión?

“No les gusto.”

“No quieren estar conmigo.”

“Siempre me eligen el último.”

“Todo lo hago mal.”

“Seguro que piensan que soy tonto.”

En estos casos quizá no estemos observando únicamente una dificultad para interpretar situaciones sociales.

Puede existir también una imagen negativa de sí mismo que esté condicionando la manera en que interpreta lo que ocurre.

Porque cuando esperamos ser rechazados, encontramos señales de rechazo con mucha facilidad.

Aquí puede ser especialmente importante trabajar autoestima, seguridad personal y experiencias sociales positivas.

No queremos que deje de confiar en lo que siente

Cuando trabajamos estas situaciones existe un equilibrio importante.

No queremos que el niño termine pensando:

“Siempre interpreto todo mal.”

“Tengo que desconfiar de mí.”

“Si algo me molesta, seguramente estoy exagerando.”

Queremos enseñarle algo diferente:

“Lo que siento es importante.
Y puedo detenerme a comprobar qué ha ocurrido antes de decidir cómo responder.”

Validamos la emoción.

Investigamos la interpretación.

Y elegimos la conducta.

¿Cuándo debería preocuparme?

Que un niño interprete ocasionalmente mal una situación social es completamente esperable.

Puede ser conveniente consultar cuando estas interpretaciones aparecen con mucha frecuencia, generan conflictos continuos con compañeros o familiares, provocan reacciones emocionales muy intensas, llevan al niño a evitar situaciones sociales o están afectando a su autoestima.

También merece atención cuando observamos que vive continuamente en alerta ante posibles burlas o rechazos, cuando piensa que los demás están en su contra o cuando las dificultades sociales están generando un sufrimiento significativo.

En esos casos, una evaluación psicológica puede ayudar a comprender qué está haciendo que el niño interprete las situaciones de esa manera.

Experiencia de Laura Aut

Cuando un niño me explica:

“Lo hizo para fastidiarme.”

me interesa mucho menos decidir inmediatamente si tiene razón o no que entender cómo ha llegado a esa conclusión.

¿Qué vio?

¿Qué pensó?

¿Qué sintió?

¿Qué experiencias anteriores tiene con esa persona?

¿Había otras explicaciones posibles?

¿Pudo considerarlas?

¿Y qué hizo después de interpretar la situación de esa manera?

Porque muchas veces el trabajo no consiste en enseñar al niño que “los demás no van contra él”.

Consiste en ayudarle a desarrollar una habilidad mucho más útil:

Aprender a diferenciar
lo que sabe de lo que supone.

Y esto no significa ignorar su intuición ni quitar importancia a lo que siente.

Significa darle herramientas para comprender mejor un mundo social que, especialmente durante la infancia, puede ser enormemente complejo.

Psicología infantil en L’Hospitalet de Llobregat y Baix Llobregat

En el Centro de Psicología Laura Aut (PSI-LAUT), en L’Hospitalet de Llobregat, trabajamos con niños, adolescentes y familias que presentan dificultades emocionales, sociales, de aprendizaje o relacionadas con el neurodesarrollo.

Cuando un niño presenta conflictos frecuentes con compañeros, interpreta constantemente las situaciones como rechazo o tiene dificultades para comprender las intenciones de los demás, una valoración individualizada puede ayudarnos a diferenciar qué factores están interviniendo.

No buscamos únicamente poner nombre a una dificultad.

Buscamos comprender por qué ocurre en ese niño concreto y qué necesita para desenvolverse mejor en su día a día.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi hijo piensa que todo el mundo está en su contra?

Puede existir una combinación de factores: experiencias anteriores de rechazo, inseguridad, ansiedad, dificultades de regulación emocional, impulsividad o una tendencia a interpretar de forma negativa situaciones sociales ambiguas. Es importante valorar qué ocurre en cada niño y en qué contextos aparece.

¿Por qué mi hijo cree que los demás se ríen de él?

A veces realmente puede haber ocurrido alguna burla, pero otras veces una situación ambigua puede interpretarse como rechazo. Conviene no confirmar ni negar inmediatamente y ayudar al niño a diferenciar qué sabe con seguridad de aquello que está suponiendo.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a no tomarse todo personalmente?

Podemos enseñarle a separar hechos de interpretaciones, buscar varias explicaciones posibles y comprobar qué información necesita antes de reaccionar. Validar cómo se siente no implica confirmar automáticamente su interpretación.

¿Puede estar relacionado con una baja autoestima?

Sí. Cuando un niño tiene una imagen negativa de sí mismo puede interpretar con mayor facilidad determinadas situaciones como rechazo, crítica o burla. Sin embargo, no siempre existe baja autoestima y es necesario comprender el conjunto de la situación.

¿Pensar que los demás hacen las cosas a propósito es una señal de TDAH o autismo?

Por sí solo, no. Puede aparecer en niños con perfiles muy diferentes y también en niños sin ningún diagnóstico. Para valorar TDAH, TEA u otra dificultad es necesario estudiar muchas otras características del desarrollo y del funcionamiento cotidiano.

¿Cuándo sería recomendable consultar con un psicólogo infantil?

Cuando estas interpretaciones provocan sufrimiento, conflictos frecuentes, aislamiento, dificultades importantes con los compañeros, reacciones emocionales muy intensas o afectan significativamente a la autoestima y al funcionamiento familiar o escolar.

¿Dónde puedo consultar por dificultades sociales infantiles en L’Hospitalet de Llobregat?

En el Centro de Psicología Laura Aut (PSI-LAUT), en L’Hospitalet de Llobregat, realizamos evaluación e intervención psicológica infantil y juvenil ante dificultades emocionales, sociales, de regulación, aprendizaje y neurodesarrollo. La valoración individualizada permite comprender qué factores están interviniendo y orientar tanto al niño como a su familia.

Artículos relacionados

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Referencias científicas

Dodge, K. A. (2006). Translational science in action: Hostile attributional style and the development of aggressive behavior problems. Development and Psychopathology, 18(3), 791–814.

de Castro, B. O., Veerman, J. W., Koops, W., Bosch, J. D., & Monshouwer, H. J. (2002). Hostile attribution of intent and aggressive behavior: A meta-analysis. Child Development, 73(3), 916–934.

Lemerise, E. A., & Arsenio, W. F. (2000). An integrated model of emotion processes and cognition in social information processing. Child Development, 71(1), 107–118.

Para terminar

La próxima vez que escuches:

“¡Lo ha hecho aposta!”

Quizá no necesitemos responder inmediatamente si tiene razón o no.

Podemos ayudarle a descubrir qué sabe, qué está suponiendo y qué otras explicaciones podrían existir.

Porque comprender las intenciones de los demás también es un aprendizaje.

Este artículo ha sido elaborado por el equipo de Psicología Laura Aut a partir de la evidencia científica disponible y de nuestra experiencia profesional con niños, adolescentes y familias. Su contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye una evaluación psicológica individualizada.

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