¿Qué son las funciones ejecutivas? Guía para familias | Psicología Laura Aut

«Mi hijo es muy inteligente, pero nunca encuentra sus cosas.»

«Empieza los deberes y enseguida se distrae.»

«Cuando algo no sale como esperaba, se enfada muchísimo.»

«Necesita que le recuerde todo constantemente.»

Si alguna vez has pensado algo parecido, probablemente hayas observado dificultades relacionadas con las funciones ejecutivas.

Aunque este término puede sonar muy técnico, las funciones ejecutivas forman parte de nuestra vida diaria y son fundamentales para que niños y adultos podamos desenvolvernos con autonomía.

Nos ayudan a organizar una mochila, recordar qué teníamos que hacer, controlar un impulso, esperar nuestro turno, cambiar de estrategia cuando algo no funciona o mantener la atención hasta terminar una tarea.

En otras palabras, son las habilidades que permiten que nuestro cerebro actúe como un buen «director de orquesta», coordinando muchos procesos al mismo tiempo para alcanzar un objetivo.

Cuando estas habilidades funcionan adecuadamente, solemos darles poca importancia porque las utilizamos de manera automática. Sin embargo, cuando presentan dificultades, pueden afectar al aprendizaje, la conducta, las relaciones sociales y la autoestima.

Por eso las funciones ejecutivas son uno de los aspectos que más valoramos durante una evaluación del neurodesarrollo.

Imagina que el cerebro es el director de una orquesta

Una forma sencilla de entender las funciones ejecutivas es imaginar una gran orquesta.

Cada instrumento representa una capacidad diferente: la memoria, el lenguaje, la atención, las emociones, el movimiento o el razonamiento.

Para que la música suene bien, no basta con que cada instrumento toque correctamente. Alguien tiene que coordinar cuándo empieza cada uno, cuándo debe esperar, cuándo bajar el volumen o cuándo cambiar el ritmo.

Ese papel lo desempeña el director de orquesta.

En nuestro cerebro, ese director son las funciones ejecutivas.

No hacen que seamos más inteligentes, pero sí permiten utilizar nuestras capacidades de manera organizada y eficaz.

Por eso un niño puede tener un razonamiento excelente y, al mismo tiempo, tener muchas dificultades para organizar su mochila o terminar los deberes.

¿Qué dice la evidencia científica?

Las investigaciones muestran que las funciones ejecutivas dependen principalmente del desarrollo de la corteza prefrontal, una de las últimas áreas del cerebro en madurar.

Esto explica por qué muchas de estas habilidades continúan desarrollándose durante la adolescencia e incluso al inicio de la edad adulta.

También sabemos que las funciones ejecutivas presentan un desarrollo diferente en muchas condiciones del neurodesarrollo, como el TDAH, el Trastorno del Espectro Autista (TEA), algunos trastornos específicos del aprendizaje y, en determinados casos, en niños con altas capacidades.

Esto no significa que todos los niños con estas condiciones tengan las mismas dificultades, sino que conviene valorar este funcionamiento de manera individual.

Las principales funciones ejecutivas

Aunque hablamos de ellas como si fueran una única habilidad, en realidad las funciones ejecutivas están formadas por diferentes capacidades que trabajan juntas.

Atención sostenida

Es la capacidad para mantener la concentración durante el tiempo necesario para completar una actividad.

Gracias a ella un niño puede escuchar una explicación, terminar un ejercicio o leer un cuento sin distraerse constantemente.

Memoria de trabajo

Es la capacidad para mantener información en la mente mientras la utilizamos.

Por ejemplo, recordar una instrucción de tres pasos mientras la vamos realizando o hacer un cálculo mental sin perder los números.

Cuando esta capacidad presenta dificultades es frecuente que el niño diga:

«¿Qué tenía que hacer?»

Incluso pocos segundos después de haber recibido una indicación.

Control inhibitorio

Nos ayuda a frenar impulsos.

Gracias a esta función esperamos nuestro turno, pensamos antes de responder o evitamos interrumpir una conversación.

No consiste únicamente en controlar la conducta.

También permite detener pensamientos o respuestas automáticas cuando no son útiles.

Flexibilidad cognitiva

Es la capacidad para adaptarnos a los cambios.

Permite aceptar que una actividad no salga como esperábamos, modificar un plan o comprender que una misma situación puede tener diferentes soluciones.

Cuando existe poca flexibilidad cognitiva pueden aparecer grandes dificultades para afrontar cambios de rutina o tolerar la frustración.

Planificación

Antes de empezar una tarea solemos organizar mentalmente los pasos necesarios.

Los niños con dificultades en planificación pueden saber perfectamente qué deben hacer, pero no por dónde empezar.

Organización

Implica gestionar materiales, tiempo e información.

Es la función que utilizamos para preparar la mochila, ordenar el escritorio o recordar qué libros necesitamos para el día siguiente.

Monitorización

Consiste en revisar cómo estamos haciendo una tarea y detectar errores antes de terminarla.

Es la capacidad que nos hace pensar:

«Creo que aquí me he equivocado, voy a revisarlo otra vez.»

Muchos niños necesitan ayuda para desarrollar esta habilidad.

Regulación emocional

Actualmente sabemos que las funciones ejecutivas también participan en la gestión de las emociones.

Esperar, tolerar la frustración, calmarse después de un enfado o buscar soluciones cuando algo sale mal también requieren un importante trabajo ejecutivo.

Por eso las dificultades en regulación emocional aparecen con tanta frecuencia en niños con alteraciones de estas funciones.

Lo que vemos habitualmente en consulta

En Psicología Laura Aut muchas familias llegan pensando que su hijo tiene un problema de atención.

Sin embargo, durante la evaluación descubrimos que la atención es solo una parte del funcionamiento ejecutivo.

Algunos niños atienden correctamente, pero tienen grandes dificultades para organizarse.

Otros recuerdan muy bien la información, pero les cuesta controlar los impulsos.

En ocasiones el principal reto es la regulación emocional, mientras que en otros casos encontramos dificultades para planificar o adaptarse a los cambios.

Por eso resulta tan importante evaluar el perfil completo y no centrarse únicamente en un aspecto aislado.

¿Cómo evolucionan las funciones ejecutivas a lo largo del desarrollo?

Las funciones ejecutivas no aparecen de un día para otro.

Se desarrollan de forma progresiva desde los primeros años de vida y continúan madurando durante la infancia, la adolescencia e incluso los primeros años de la edad adulta.

Por este motivo, no podemos esperar las mismas habilidades de un niño de cuatro años que de uno de diez.

Comprender qué es esperable en cada etapa ayuda a diferenciar entre un desarrollo normal y una posible dificultad.

Entre los 3 y los 5 años

Durante la etapa de Educación Infantil comienzan a aparecer los primeros indicios de las funciones ejecutivas.

En estas edades es normal que los niños:

  • necesiten ayuda para organizarse;
  • les cueste esperar su turno;
  • olviden fácilmente las instrucciones;
  • cambien rápidamente de actividad;
  • reaccionen de forma impulsiva;
  • necesiten el apoyo del adulto para calmarse.

Todo esto forma parte del desarrollo.

Sin embargo, conviene observar cuando estas dificultades son mucho más intensas que en otros niños de la misma edad o interfieren de manera importante en su día a día.

Entre los 6 y los 12 años

Con la llegada de Primaria aumentan las demandas.

El niño ya no solo debe aprender contenidos escolares.

También necesita organizarse, recordar tareas, preparar el material, controlar sus impulsos y trabajar durante periodos cada vez más largos.

Es precisamente en esta etapa cuando las dificultades en las funciones ejecutivas suelen hacerse más evidentes.

Pueden aparecer situaciones como:

  • olvidar constantemente el material escolar;
  • necesitar ayuda para empezar los deberes;
  • perder objetos con frecuencia;
  • dejar actividades sin terminar;
  • no calcular bien el tiempo;
  • frustrarse con facilidad cuando una tarea resulta difícil.

Adolescencia

Aunque muchas personas piensan que el desarrollo cerebral termina durante la infancia, sabemos que la corteza prefrontal continúa madurando durante la adolescencia.

Por eso muchos adolescentes siguen necesitando apoyo para:

  • organizar su tiempo;
  • planificar el estudio;
  • controlar los impulsos;
  • tomar decisiones;
  • anticipar consecuencias;
  • gestionar emociones intensas.

No es extraño que un adolescente sea muy competente en algunas áreas y todavía necesite ayuda para organizar otras.

Señales que pueden indicar dificultades en las funciones ejecutivas

No existe una única señal que confirme la presencia de dificultades ejecutivas.

Lo importante es observar el conjunto del funcionamiento del niño.

Algunas situaciones que deberían llamar la atención son:

  • Parece escuchar, pero olvida inmediatamente las instrucciones.
  • Le cuesta empezar tareas, incluso cuando sabe hacerlas.
  • Pierde continuamente objetos personales.
  • Tiene dificultades para organizar su mochila o su escritorio.
  • Necesita supervisión constante para terminar actividades.
  • Cambia de una tarea a otra sin finalizar ninguna.
  • Interrumpe conversaciones con frecuencia.
  • Le cuesta esperar su turno.
  • Se bloquea cuando debe resolver problemas nuevos.
  • Tolera mal los cambios de rutina.
  • Reacciona con mucha intensidad ante pequeñas frustraciones.
  • Tiene dificultades para revisar su propio trabajo antes de entregarlo.

Ninguna de estas conductas, por sí sola, confirma una dificultad en las funciones ejecutivas.

Sin embargo, cuando aparecen de forma persistente y afectan al funcionamiento diario, merece la pena realizar una valoración.

Funciones ejecutivas y TDAH

Cuando hablamos de funciones ejecutivas, muchas personas piensan automáticamente en el TDAH.

Y es lógico.

Las dificultades ejecutivas son una de las características principales del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

No obstante, es importante entender que el TDAH no consiste únicamente en tener problemas de atención.

En muchos niños observamos dificultades para:

  • planificar;
  • organizarse;
  • controlar impulsos;
  • iniciar tareas;
  • mantener el esfuerzo;
  • gestionar el tiempo;
  • regular emociones.

Por eso algunos niños parecen muy inteligentes, pero necesitan mucho más apoyo que sus compañeros para organizar el día a día.

Funciones ejecutivas y Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Las personas con TEA también pueden presentar un funcionamiento diferente de las funciones ejecutivas, aunque el perfil suele ser distinto al observado en el TDAH.

En consulta es frecuente encontrar dificultades relacionadas con:

  • la flexibilidad cognitiva;
  • la planificación;
  • la adaptación a los cambios;
  • la organización de tareas nuevas.

Esto explica, en parte, por qué muchos niños con TEA necesitan anticipar las actividades o muestran malestar cuando una rutina cambia de manera inesperada.

Trabajar estas habilidades suele mejorar considerablemente su adaptación.

Funciones ejecutivas y altas capacidades

Existe la creencia de que un niño con altas capacidades siempre está bien organizado y aprende sin esfuerzo.

La realidad es mucho más compleja.

Algunos niños con altas capacidades presentan un desarrollo muy desigual.

Pueden razonar a un nivel muy superior al esperado para su edad y, al mismo tiempo, tener dificultades para organizarse, planificar o gestionar la frustración.

En otros casos aparece la denominada doble excepcionalidad, cuando las altas capacidades coexisten con un TDAH, un TEA o un trastorno específico del aprendizaje.

Por eso una evaluación global resulta tan importante.

Funciones ejecutivas y dificultades de aprendizaje

Leer, escribir o resolver problemas matemáticos implica mucho más que conocer letras o números.

Para aprender también necesitamos:

  • mantener la atención;
  • recordar información;
  • planificar;
  • supervisar errores;
  • controlar impulsos;
  • persistir cuando una tarea resulta difícil.

Cuando estas habilidades presentan dificultades, el aprendizaje puede verse afectado aunque el niño tenga una buena capacidad intelectual.

Por eso muchas intervenciones no se centran únicamente en reforzar contenidos académicos, sino también en potenciar las funciones ejecutivas.

Lo que vemos habitualmente en consulta

Uno de los comentarios más frecuentes que escuchamos es:

«Es muy listo, pero parece incapaz de organizarse.»

Y muchas veces tienen razón.

No estamos ante un problema de inteligencia.

Estamos ante una dificultad para poner esa inteligencia al servicio de las tareas cotidianas.

También encontramos familias que dedican gran parte de la tarde a recordar continuamente:

«Recoge la mochila.»

«Empieza los deberes.»

«¿Has preparado la agenda?»

«¿Qué tenías que llevar mañana?»

Esto genera un enorme desgaste tanto para los niños como para sus padres.

Cuando comprendemos que detrás de estas dificultades puede existir un funcionamiento ejecutivo diferente, dejamos de interpretar muchos comportamientos como falta de interés o de esfuerzo.

Ese cambio de mirada suele ser el primer paso para ayudar de una forma mucho más eficaz.

Errores frecuentes que cometen las familias

Pensar que es pereza

Muchas veces el niño quiere hacer las cosas bien.

El problema es que necesita más apoyo para organizarse y poner en marcha las tareas.

Dar demasiadas instrucciones seguidas

Cuando damos cinco órdenes seguidas, muchos niños solo recuerdan la primera… o ninguna.

Es más útil ofrecer una indicación cada vez y comprobar que la ha comprendido.

Resolverlo todo por él

Cuando siempre organizamos su mochila, recordamos los deberes o planificamos su agenda, evitamos que practique precisamente las habilidades que necesita desarrollar.

El objetivo no es hacerlo por él, sino enseñarle estrategias para que cada vez necesite menos ayuda.

Pensar que cambiará solo con el tiempo

Las funciones ejecutivas evolucionan con la maduración.

Sin embargo, cuando existen dificultades significativas, el entrenamiento y el apoyo adecuado pueden marcar una gran diferencia.

¿Cómo podemos estimular las funciones ejecutivas en casa?

La buena noticia es que las funciones ejecutivas pueden entrenarse. No se desarrollan únicamente con la edad. También mejoran gracias a las experiencias del día a día, al acompañamiento de los adultos y a la práctica repetida.

No se trata de convertir la casa en un aula, sino de aprovechar las situaciones cotidianas para ayudar al niño a pensar, planificar y resolver problemas por sí mismo.

Ayúdale a planificar, pero no lo hagas todo por él

Muchas veces, con la intención de ayudar, terminamos organizando completamente la vida de nuestros hijos.

Les preparamos la mochila, recordamos los deberes, buscamos la ropa o resolvemos cualquier pequeño problema antes de que tengan oportunidad de intentarlo.

Aunque esto puede ahorrar tiempo a corto plazo, también reduce las oportunidades para desarrollar autonomía.

Es mucho más útil hacer preguntas como:

  • ¿Qué necesitas para mañana?
  • ¿Por dónde crees que deberías empezar?
  • ¿Cómo podrías organizar esta tarea?
  • ¿Qué te falta por hacer?

Nuestro objetivo no es dar la respuesta, sino enseñar al niño a encontrarla.

Divide las tareas grandes en pequeños pasos

Cuando una actividad parece enorme, muchos niños se bloquean antes incluso de empezar.

En lugar de decir:

«Haz los deberes.»

Podemos dividir la tarea:

  1. Saca la agenda.
  2. Prepara el material.
  3. Empieza por el ejercicio más sencillo.
  4. Cuando termines, revisamos juntos.

Este tipo de apoyo reduce la sensación de agobio y facilita que el niño inicie la actividad.

Utiliza apoyos visuales

Las funciones ejecutivas mejoran cuando la información no depende únicamente de la memoria.

Algunos ejemplos son:

  • horarios visuales;
  • listas de comprobación;
  • calendarios;
  • planificadores semanales;
  • pictogramas en los más pequeños;
  • aplicaciones de organización en adolescentes.

Estos recursos ayudan a descargar parte del esfuerzo mental y favorecen la autonomía.

Anticipa los cambios

Muchos niños gestionan mejor las transiciones cuando saben lo que va a ocurrir.

Frases como:

«Dentro de diez minutos recogeremos los juguetes.»

«Después de merendar iremos a la ducha.»

«Hoy cambiaremos el recorrido porque hay obras.»

permiten preparar el cambio y reducen la frustración.

Convierte los errores en oportunidades de aprendizaje

Todos olvidamos cosas, nos equivocamos o calculamos mal el tiempo.

Cuando un niño se equivoca, en lugar de centrarnos únicamente en el error, podemos preguntarle:

«¿Qué podríamos hacer diferente la próxima vez?»

Este tipo de reflexión fortalece la capacidad de monitorización y resolución de problemas.

Juegos que ayudan a desarrollar las funciones ejecutivas

No todo el entrenamiento tiene que hacerse mediante fichas o ejercicios escolares.

El juego sigue siendo una de las mejores herramientas para estimular estas habilidades.

Algunas actividades especialmente recomendables son:

  • juegos de mesa en los que haya que esperar turnos;
  • juegos de estrategia;
  • construcciones tipo LEGO;
  • rompecabezas;
  • juegos de memoria;
  • búsqueda del tesoro siguiendo pistas;
  • cocinar siguiendo una receta;
  • deportes que requieran anticipación y planificación;
  • juegos simbólicos en los más pequeños.

Lo importante no es ganar.

Lo importante es practicar habilidades como esperar, planificar, recordar instrucciones, controlar impulsos y buscar soluciones.

Lo que hacemos en Psicología Laura Aut

En Psicología Laura Aut entendemos que las funciones ejecutivas forman parte del desarrollo global del niño.

Por eso, cuando detectamos dificultades en esta área, no trabajamos únicamente una habilidad concreta.

Diseñamos una intervención personalizada teniendo en cuenta la edad, las fortalezas, las necesidades y el contexto familiar y escolar de cada niño.

Según el perfil, podemos trabajar aspectos como:

  • atención sostenida;
  • memoria de trabajo;
  • planificación y organización;
  • flexibilidad cognitiva;
  • control inhibitorio;
  • regulación emocional;
  • resolución de problemas;
  • autonomía;
  • estrategias de estudio;
  • habilidades sociales relacionadas con el autocontrol.

Además, dedicamos una parte muy importante del trabajo a orientar a las familias y coordinarnos con el centro educativo.

Cuando todos los adultos utilizan estrategias similares, los avances suelen ser mucho más rápidos y estables.

Lo que más preguntan las familias

¿Las funciones ejecutivas son lo mismo que la inteligencia?

No.

Un niño puede tener una capacidad intelectual muy alta y presentar dificultades importantes para organizarse, controlar impulsos o planificar tareas.

¿A qué edad empiezan a desarrollarse?

Comienzan durante los primeros años de vida y continúan evolucionando hasta el inicio de la edad adulta.

¿Pueden mejorar?

Sí.

La intervención, la práctica y el acompañamiento adecuado favorecen su desarrollo.

¿Todos los niños con TDAH tienen dificultades en las funciones ejecutivas?

Es muy frecuente, aunque cada niño presenta un perfil diferente.

¿Los niños con autismo también pueden presentar dificultades?

Sí.

Especialmente en flexibilidad cognitiva, planificación y adaptación a los cambios.

¿Las altas capacidades excluyen dificultades ejecutivas?

No.

Algunos niños con altas capacidades presentan importantes dificultades de organización o regulación emocional.

¿Olvidar las cosas siempre significa que existen dificultades ejecutivas?

No.

Todos olvidamos cosas ocasionalmente.

Lo importante es valorar la frecuencia, la intensidad y el impacto que tiene en la vida diaria.

¿Las pantallas afectan a las funciones ejecutivas?

El uso excesivo puede influir en la atención, el sueño y la regulación emocional.

Sin embargo, no constituye por sí solo la causa de un trastorno ejecutivo.

¿Es mejor insistir o ayudar?

Lo más útil suele ser enseñar estrategias para que el niño gane autonomía de forma progresiva.

¿Conviene utilizar agendas o planificadores?

Sí.

Los apoyos visuales son una excelente herramienta para descargar memoria y favorecer la organización.

¿Las funciones ejecutivas influyen en las rabietas?

Sí.

Regular emociones, esperar, tolerar la frustración y controlar impulsos forman parte del funcionamiento ejecutivo.

¿También afectan a las relaciones sociales?

Muchísimo.

Esperar el turno, controlar lo que decimos, interpretar situaciones sociales o resolver conflictos requieren un buen funcionamiento ejecutivo.

¿Cómo sé si mi hijo necesita una evaluación?

Cuando las dificultades son persistentes, aparecen en diferentes contextos y están afectando al aprendizaje, la convivencia o el bienestar emocional.

Ideas clave

Si solo recuerdas unas pocas ideas de este artículo, nos gustaría que fueran estas:

  • Las funciones ejecutivas son las habilidades que nos ayudan a organizar, planificar, recordar, controlar impulsos y gestionar nuestras emociones.
  • Se desarrollan progresivamente durante la infancia y continúan madurando durante la adolescencia.
  • Están implicadas en muchos aspectos del aprendizaje, la conducta y las relaciones sociales.
  • Las dificultades ejecutivas aparecen con frecuencia en niños con TDAH, TEA, trastornos del aprendizaje y, en algunos casos, altas capacidades.
  • Una intervención temprana y un acompañamiento adecuado pueden favorecer enormemente su desarrollo.

Nuestra experiencia, Laura Aut

A lo largo de mi trayectoria profesional he conocido a muchos niños que parecían desorganizados, despistados o poco constantes. Sin embargo, cuando profundizábamos en su forma de aprender descubríamos que detrás de esas dificultades existía un funcionamiento diferente de sus funciones ejecutivas.

Como psicóloga, una de las cosas más bonitas que observo es cómo cambia la mirada de las familias cuando comprenden que su hijo no necesita más reproches, sino más herramientas. Cuando dejamos de preguntarnos «¿por qué no lo hace?» y empezamos a preguntarnos «¿qué necesita para conseguirlo?», cambia la forma de acompañar y, muchas veces, también cambia la forma en que el niño se ve a sí mismo.

En Psilaut podemos ayudarte

En Psicología Laura Aut realizamos evaluaciones especializadas del neurodesarrollo en niños y adolescentes, analizando no solo el rendimiento académico, sino también las funciones ejecutivas, la regulación emocional, la atención, el lenguaje, el aprendizaje y el funcionamiento global de cada niño.

Nuestro objetivo es comprender cómo aprende cada persona para ofrecer recomendaciones personalizadas, coordinadas con la familia y el centro educativo, que favorezcan su desarrollo y bienestar.

Si tienes dudas sobre la organización, la atención, la impulsividad o la regulación emocional de tu hijo, estaremos encantados de ayudarte.

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Referencias científicas

  • DSM-5-TR

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