Miedo a equivocarse
“¿Está bien así?”
Lo pregunta después de hacer un dibujo.
Mientras hace los deberes.
Cuando se viste.
Después de responder una pregunta.
Incluso cuando acaba de hacer algo que sabe perfectamente hacer.
“¿Seguro?”
Y, cuando le decimos que sí, parece quedarse tranquilo… pero solo durante un rato. Poco después vuelve a necesitar nuestra confirmación.
Al principio puede parecernos simplemente un niño responsable que quiere hacer las cosas bien. Pero cuando la necesidad de aprobación aparece constantemente, cuando necesita comprobar una y otra vez que no se ha equivocado o cuando una pequeña corrección provoca una reacción emocional desproporcionada, merece la pena mirar un poco más allá de la conducta.
Porque detrás de un “¿lo estoy haciendo bien?” puede esconderse una pregunta mucho más importante:
“¿Sigo estando bien yo si me equivoco?”
Cuando querer hacerlo bien se convierte en necesitar hacerlo perfecto
A muchos niños les gusta recibir la aprobación de sus padres, profesores y otras personas importantes. Es completamente normal. Durante la infancia construimos parte de nuestra percepción sobre nosotros mismos a través de la mirada de los demás.
El problema aparece cuando el niño deja de utilizar al adulto como referencia y empieza a necesitarlo constantemente para sentirse seguro.
Entonces podemos observar que pregunta repetidamente si algo está bien, borra una y otra vez lo que ha escrito, compara su trabajo con el de otros niños, se bloquea ante tareas nuevas o evita aquello en lo que no está seguro de destacar.
También puede enfadarse muchísimo cuando comete un error aparentemente pequeño.
Desde fuera podemos pensar:
“Pero si no pasa nada.”
Para él, quizá sí pase.
Porque el error ha dejado de significar simplemente “esto no me ha salido” y empieza a sentirse como “no soy suficientemente bueno”.
Y esa diferencia es enorme.
“Pero nosotros nunca le hemos exigido que sea perfecto”
Es una frase que escuchamos con frecuencia en consulta.
Y es importante aclararlo: el perfeccionismo infantil no aparece necesariamente porque existan padres excesivamente exigentes.
Hay niños que, por temperamento, son especialmente sensibles a la evaluación de los demás. Otros han aprendido que determinadas conductas reciben mucha aprobación. Algunos tienen miedo a decepcionar, presentan una autoestima vulnerable o han vivido experiencias repetidas de fracaso.
También encontramos niños que son muy conscientes de sus errores y otros que necesitan tener una gran sensación de control para sentirse seguros.
Por eso no deberíamos buscar rápidamente un culpable.
Deberíamos intentar comprender qué función tiene esa necesidad de aprobación para ese niño concreto.
¿Por qué mi hijo busca constantemente mi aprobación?
No existe una única explicación.
En algunos niños encontramos inseguridad y una necesidad constante de comprobar que están haciendo las cosas correctamente.
En otros aparece un perfeccionismo muy elevado. No les preocupa únicamente terminar una tarea: necesitan sentir que el resultado cumple exactamente sus expectativas.
También puede existir miedo a equivocarse, especialmente cuando el niño interpreta los errores como algo negativo o siente que estos modifican la imagen que los demás tienen de él.
En otros casos encontramos ansiedad, dificultades para tolerar la incertidumbre o una autoestima demasiado vinculada al rendimiento.
Y, en ocasiones, esta conducta aparece en niños con determinados perfiles del neurodesarrollo.
Por eso la pregunta importante no es únicamente:
“¿Cómo hago para que deje de preguntarme?”
Sino:
“¿Por qué necesita preguntármelo tantas veces?”
Cuando aparece el miedo al error
Imaginemos una situación sencilla.
Un niño está haciendo un dibujo y pregunta:
“Mamá, ¿está bonito?”
Respondemos:
“Sí, muchísimo.”
Continúa dibujando.
Unos minutos después:
“¿Y esto está bien?”
Volvemos a responder que sí.
Después cambia un detalle:
“¿Seguro que queda bien?”
Cada respuesta le proporciona tranquilidad.
Pero esa tranquilidad dura poco.
Sin querer, puede empezar a construirse un círculo: aparece la duda, busca confirmación, recibe seguridad, se tranquiliza y, ante una nueva incertidumbre, vuelve a necesitar confirmación.
El objetivo no debería ser dejar de responderle de repente, sino ayudarle progresivamente a desarrollar su propio criterio y tolerar la posibilidad de no estar completamente seguro.
Hay una pregunta que puede cambiar nuestra respuesta
La próxima vez que nuestro hijo pregunte:
“¿Está bien?”
Podemos evitar responder automáticamente:
“Sí, perfecto.”
Y devolverle suavemente la pregunta:
“¿Tú qué piensas?”
O:
“¿Hay alguna parte que te guste especialmente?”
“¿Cómo sabrías tú si está terminado?”
“¿Qué cambiarías si quisieras cambiar algo?”
No se trata de negarle nuestra aprobación.
Se trata de que nuestra mirada deje de ser la única que utiliza para decidir si algo tiene valor.
Poco a poco queremos ayudarle a pasar de:
“Necesito saber si a ti te parece bien”
a:
“Puedo valorar por mí mismo lo que he hecho.”
El problema de decir siempre “perfecto”
Lo hacemos con cariño.
Nuestro hijo nos enseña un dibujo y respondemos:
“¡Perfecto!”
Termina los deberes:
“Perfecto.”
Ordena su habitación:
“Perfecto.”
Saca una buena nota:
“Perfecto.”
Pero quizá deberíamos utilizar un poco menos esa palabra.
Porque la infancia no debería convertirse en una sucesión de cosas que tienen que salir perfectas.
Podemos sustituir parte de esos mensajes por otros que centren la atención en el proceso:
“Veo que has dedicado mucho tiempo.”
“Has probado una forma diferente de hacerlo.”
“Te ha costado y has seguido intentándolo.”
“¿Estás contento con el resultado?”
“Cuéntame cómo lo has hecho.”
Así ayudamos a que el niño empiece a valorar aspectos que dependen de él y no únicamente la aprobación externa.
¿Y si se equivoca?
Entonces tenemos una oportunidad extraordinaria.
Porque una de las mejores formas de prevenir un perfeccionismo que genere sufrimiento es permitir que los niños descubran algo fundamental:
equivocarse es compatible con seguir siendo capaz.
Podemos normalizar nuestros propios errores.
“Me he equivocado. Voy a probar otra vez.”
“Pensaba que era de otra manera.”
“No lo sé. Tendremos que averiguarlo.”
Cuando un adulto reconoce un error tranquilamente, transmite un mensaje mucho más poderoso que cualquier explicación sobre autoestima:
no necesito hacerlo todo bien para estar bien conmigo mismo.
Cuando un niño sabe mucho, pero duda constantemente de sí mismo
Hay niños que sorprenden porque parecen tener dos versiones de sí mismos.
Son capaces de razonar de forma extraordinaria, pero preguntan continuamente si su respuesta es correcta.
Saben hacer una tarea, pero necesitan que alguien permanezca a su lado.
Obtienen buenos resultados, pero sienten que el siguiente examen será el que demuestre que en realidad “no saben tanto”.
Esto puede aparecer en niños con altas capacidades, TDAH, dificultades de aprendizaje o experiencias escolares en las que han recibido muchas correcciones, aunque también puede ocurrir sin que exista ningún diagnóstico.
Por eso debemos evitar interpretar automáticamente la inseguridad como falta de capacidad.
A veces ocurre exactamente lo contrario: el niño puede hacer mucho más de lo que cree que puede hacer.
Cuando la necesidad de aprobación empieza a limitarle
No tenemos que preocuparnos porque un niño pregunte de vez en cuando si algo está bien.
Conviene prestar más atención cuando esa necesidad empieza a interferir en su vida cotidiana.
Por ejemplo, cuando evita actividades nuevas por miedo a equivocarse, necesita constantemente la presencia de un adulto para terminar tareas que podría realizar solo, borra o repite continuamente su trabajo, se compara de forma excesiva con otros niños o vive los errores con una intensidad emocional muy elevada.
También cuando aparecen frases como:
“No sé hacerlo.”
“Seguro que está mal.”
“Los demás lo hacen mejor.”
“Si no me va a salir bien, no quiero hacerlo.”
En ese momento ya no estamos hablando únicamente de querer hacer las cosas bien.
Estamos hablando de un miedo que puede empezar a limitar su autonomía, su aprendizaje y su autoestima.
Quizá no necesite más confianza de la nuestra, sino empezar a construir la suya
Como padres, resulta muy difícil ver dudar a nuestro hijo.
Nuestro impulso natural es tranquilizarlo.
Decirle que puede.
Que es listo.
Que lo está haciendo fenomenal.
Y necesitamos seguir transmitiéndole nuestro apoyo.
Pero también podemos empezar a dejar pequeños espacios para que sea él quien descubra la respuesta.
“Inténtalo y después lo vemos.”
“Confío en tu decisión.”
“No pasa nada si no estás completamente seguro.”
“Puedes equivocarte y volver a probar.”
“No necesito que lo hagas perfecto.”
La autonomía emocional no aparece cuando un niño deja de necesitar a sus padres.
Aparece cuando, gracias a la seguridad que ha recibido de ellos, empieza a poder confiar también en sí mismo.
Reflexión de Laura Aut
Cuando un niño pregunta constantemente “¿lo estoy haciendo bien?”, intento no quedarme únicamente con la pregunta. Me interesa entender qué necesita confirmar realmente.
A veces necesita saber si una tarea está correcta. Pero otras necesita comprobar si sigue siendo suficientemente bueno cuando algo no le sale, si puede decepcionar a alguien y seguir sintiéndose querido o si equivocarse significa que los demás pensarán peor de él.
Por eso creo que uno de los aprendizajes más importantes que podemos ofrecer durante la infancia no es enseñar a nuestros hijos a hacerlo todo bien.
Es enseñarles que pueden equivocarse sin que cambie lo que pensamos de ellos y, sobre todo, sin que cambie lo que piensan de sí mismos.
¿Cuándo puede ser recomendable consultar?
Si la necesidad de aprobación es muy intensa, genera ansiedad, provoca bloqueos frecuentes, interfiere en el colegio o en las relaciones, dificulta que el niño realice actividades de manera autónoma o está afectando a su autoestima, puede ser útil realizar una valoración psicológica.
No para poner una etiqueta al perfeccionismo.
Sino para comprender qué hay detrás.
En Psicología Laura Aut trabajamos con niños, adolescentes y familias para comprender las causas de la inseguridad, el miedo al error, la ansiedad, el perfeccionismo y otras dificultades emocionales que pueden aparecer durante el desarrollo.
Porque muchas veces el objetivo no es conseguir que un niño deje de preguntar:
“¿Lo estoy haciendo bien?”
El verdadero objetivo es ayudarle a que, poco a poco, pueda responderse:
“No sé si está perfecto. Pero confío en mí para intentarlo.”
La investigación sobre perfeccionismo muestra que querer hacer las cosas bien no es necesariamente negativo. La dificultad aparece cuando el valor personal comienza a depender excesivamente del resultado, el error genera un elevado malestar o la persona siente una necesidad constante de cumplir expectativas propias o externas (Flett & Hewitt, 2002; Frost et al., 1990).
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi hijo pregunte constantemente si lo hace bien?
Buscar la aprobación de los adultos es normal durante el desarrollo. Conviene prestar atención cuando la necesidad de confirmación es muy frecuente, genera malestar o impide que el niño actúe con autonomía.
¿Buscar aprobación significa tener baja autoestima?
No necesariamente. Puede estar relacionado con inseguridad, perfeccionismo, ansiedad, miedo al error o necesidad de controlar la incertidumbre. Es importante comprender el contexto y el funcionamiento global del niño.
¿Qué hago cuando mi hijo me pregunta “¿está bien?”?
No es necesario dejar de responderle. Podemos combinar nuestra validación con preguntas que favorezcan su propio criterio: “¿Tú qué opinas?”, “¿Qué parte te gusta más?” o “¿Crees que cumple lo que querías hacer?”.
¿El perfeccionismo infantil puede generar ansiedad?
Sí. Cuando el niño siente que necesita hacerlo todo correctamente, los errores y las situaciones nuevas pueden convertirse en una fuente importante de preocupación y evitación.
¿Debo decirle que todo lo hace bien para mejorar su autoestima?
No. Una autoestima saludable no consiste en creer que hacemos todo perfectamente. Es más útil reconocer el esfuerzo, las estrategias, la perseverancia y enseñar que equivocarse forma parte del aprendizaje.
¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?
Cuando el miedo a equivocarse o la necesidad de aprobación provocan sufrimiento, evitación, bloqueos, dificultades escolares, problemas de autonomía o afectan significativamente a la autoestima del niño, puede ser recomendable consultar con un profesional.
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Referencias y bibliografía
- American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM-5-TR. Editorial Médica Panamericana.
- Bisquerra Alzina, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Síntesis. Especialmente interesante para fundamentar la educación emocional, la regulación emocional y el desarrollo de competencias emocionales durante la infancia.
- Orgilés, M., Méndez, X., Espada, J. P., Carballo, J. L., & Piqueras, J. A. (2012). Síntomas de trastornos de ansiedad en niños y adolescentes: diferencias en función de la edad y el sexo en una muestra comunitaria. Revista de Psiquiatría y Salud Mental, 5(2), 115–120.
- Garaigordobil, M., & Durá, A. (2006). Relaciones del autoconcepto y la autoestima con sociabilidad, estabilidad emocional y responsabilidad en adolescentes de 14 a 17 años. Análisis y Modificación de Conducta, 32, 37–64.
Útil para respaldar la relación entre autoconcepto, autoestima y funcionamiento emocional. - Ramos-Díaz, E., Rodríguez-Fernández, A., Fernández-Zabala, A., Revuelta, L., & Zuazagoitia, A. (2016). Apoyo social percibido, autoconcepto e implicación escolar de estudiantes adolescentes. Revista de Psicodidáctica, 21(2), 339–356.
Interesante para explicar cómo la percepción que el niño o adolescente tiene de sí mismo se relaciona con su adaptación y experiencia escolar. - Flett, G. L., & Hewitt, P. L. (2002). Perfectionism: Theory, Research, and Treatment. American Psychological Association.
Una obra de referencia para comprender el perfeccionismo y diferenciar sus manifestaciones adaptativas de aquellas asociadas a malestar psicológico. - Frost, R. O., Marten, P., Lahart, C., & Rosenblate, R. (1990). The dimensions of perfectionism. Cognitive Therapy and Research, 14, 449–468.
Trabajo clásico sobre las diferentes dimensiones del perfeccionismo. - Curran, T., & Hill, A. P. (2019). Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences from 1989 to 2016. Psychological Bulletin, 145(4), 410–429.
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