Tu hijo llega del colegio con el gesto serio, deja la mochila de cualquier manera y responde mal cuando le haces una pregunta.
Notas que algo ha ocurrido y tratas de averiguarlo:
«¿Qué te pasa?»
«No sé».
«¿Ha sucedido algo en el colegio?»
«No».
«Entonces, ¿por qué estás así?»
«¡Que no lo sé!»
Esta respuesta puede generar mucha frustración. Quizá pienses que no quiere confiar en ti, que intenta ocultar algo o que utiliza el silencio para evitar hablar sobre su comportamiento.
Sin embargo, cuando un niño responde «no sé», no siempre significa que no quiera contar lo sucedido. En muchas ocasiones, realmente no sabe identificar, ordenar o expresar lo que le está ocurriendo.
Para explicar una experiencia emocional necesita reconocer las señales de su cuerpo, identificar la emoción, relacionarla con lo sucedido, organizar los recuerdos y encontrar las palabras adecuadas. Todo esto puede resultar especialmente difícil cuando todavía está enfadado, asustado, avergonzado o sobrecargado.
Decir «no sé» puede significar muchas cosas diferentes
Los adultos solemos interpretar el «no sé» como falta de colaboración. Pero detrás de esta respuesta puede haber mensajes muy distintos:
- «Sé que me siento mal, pero no entiendo por qué».
- «Han ocurrido demasiadas cosas y no sé por dónde empezar».
- «No encuentro las palabras».
- «Tengo miedo de que te enfades».
- «Me da vergüenza lo que ha pasado».
- «No estoy preparado para hablar».
- «No recuerdo bien cómo empezó».
- «Creo que fue culpa mía».
- «No sé qué respuesta esperas que te dé».
- «Ahora mismo estoy demasiado alterado para pensar».
Por eso, antes de insistir, conviene preguntarnos: ¿no quiere responder o en este momento no puede hacerlo?
¿Por qué a algunos niños les cuesta explicar qué les pasa?
Todavía están aprendiendo a reconocer sus emociones
Identificar una emoción no es una capacidad automática. Se desarrolla progresivamente mediante la experiencia y el acompañamiento de los adultos.
Un niño puede notar presión en el pecho, calor en la cara, ganas de llorar o un nudo en la barriga, pero no saber si está sintiendo miedo, enfado, tristeza, frustración o vergüenza.
A veces solo sabe que se encuentra mal. También puede parecer enfadado cuando, en realidad, se siente rechazado, asustado o decepcionado.
La emoción es demasiado intensa
Cuando un niño está muy activado emocionalmente, su capacidad para reflexionar, recordar y expresarse puede disminuir.
En ese momento, preguntas como «¿por qué has hecho eso?» pueden resultar demasiado complejas. Quizá no pueda analizar lo ocurrido hasta que su cuerpo haya recuperado cierta calma.
Primero necesita regularse. Después podrá empezar a comprender y contar.
Le cuesta ordenar lo sucedido
Explicar un conflicto exige reconstruir una secuencia:
- Qué ocurrió primero.
- Qué dijeron los demás.
- Qué pensó el niño.
- Cómo se sintió.
- Qué hizo después.
- Cómo terminó la situación.
Algunos niños recuerdan fragmentos, pero no consiguen organizarlos. Pueden empezar por el final, saltarse detalles importantes o decir «no sé» porque elaborar una narración completa les supone demasiado esfuerzo.
Esta dificultad puede aparecer en niños pequeños y también en menores con dificultades del lenguaje, atención, memoria de trabajo o funciones ejecutivas.
Tiene miedo de nuestra reacción
Aunque exista una relación de confianza, puede temer que los adultos se enfaden, lo castiguen o le den inmediatamente una lección.
Quizá piensa:
«Si digo que he pegado, se enfadarán conmigo».
«Si cuento que se han reído de mí, pensarán que soy débil».
«Si explico que he suspendido, los decepcionaré».
«Si digo quién ha sido, todo empeorará».
En estos casos, el «no sé» puede funcionar como una forma de protegerse mientras intenta anticipar qué sucederá si habla.
Siente vergüenza o culpa
Hay experiencias especialmente difíciles de explicar: quedarse solo en el recreo, cometer un error delante de la clase, recibir una burla, perder el control o hacer algo de lo que se arrepiente.
La vergüenza suele empujar a esconderse, evitar la mirada o cambiar de tema. El niño puede querer contarlo y, al mismo tiempo, desear que nadie sepa lo ocurrido.
Necesita más tiempo para procesarlo
Algunos niños no comprenden cómo se sienten en el mismo momento en que sucede algo. Necesitan pasar un rato tranquilos, jugar, dibujar, moverse o dormir antes de poder ordenar la experiencia.
Quizá por la tarde responde «no sé» y, justo antes de acostarse, empieza a explicar espontáneamente lo ocurrido.
Esto no significa que antes estuviera mintiendo. Puede significar que todavía no había conseguido procesarlo.
La pregunta es demasiado amplia
Preguntar «¿qué te pasa?» exige revisar todo lo ocurrido, seleccionar lo importante y formular una respuesta.
Para muchos niños es más sencillo contestar preguntas concretas:
- «¿Ha ocurrido en clase o en el recreo?».
- «¿Tiene que ver con un compañero o con una tarea?».
- «¿Te has sentido más enfadado, triste o preocupado?».
- «¿Ha pasado antes o después de comer?».
- «¿Quieres que te pregunte o prefieres contármelo tú?».
Ofrecer opciones no significa poner palabras falsas en su boca. Significa reducir la dificultad de una pregunta demasiado abierta.
El «no sé» puede aparecer en niños con perfiles muy diferentes
Algunos niños presentan más dificultades para identificar estados internos, interpretar situaciones sociales o convertir una experiencia en palabras.
Esto puede observarse, por ejemplo, en niños con ansiedad, TDAH, autismo, dificultades del lenguaje o una elevada sensibilidad emocional. También puede ocurrir cuando están cansados, han vivido una situación estresante o no se sienten todavía seguros para hablar.
Importante: responder «no sé» no indica por sí solo ningún diagnóstico. Es necesario observar al niño, su desarrollo y el contexto en el que aparece esta dificultad.
Conviene fijarse en:
- En qué situaciones aparece.
- Con qué personas puede hablar.
- Si consigue explicarse después.
- Cómo expresa el malestar mediante su conducta o su cuerpo.
- Si también tiene dificultades para narrar experiencias agradables.
- Si el problema afecta a su vida familiar, escolar o social.
Cómo preguntar sin convertir la conversación en un interrogatorio
Cuando estamos preocupados, es natural hacer muchas preguntas seguidas. Pero cuanta más presión siente el niño, más probable es que se cierre.
Primero, describe lo que observas
En lugar de exigir una explicación inmediata, podemos empezar mostrando que hemos percibido su malestar:
- «He visto que has llegado más serio de lo habitual».
- «Parece que hoy necesitas un poco de espacio».
- «Cuando te he preguntado por el colegio, te has puesto nervioso».
- «No sé qué ha pasado, pero noto que algo te preocupa».
Describir es menos invasivo que interpretar. No afirmamos que esté enfadado o triste; le mostramos que estamos disponibles.
Reduce la cantidad de preguntas
Podemos formular una sola pregunta y dejar tiempo para responder.
Si no contesta, no es necesario llenar inmediatamente el silencio. Algunos niños necesitan unos segundos —o varios minutos— para organizar lo que quieren decir.
Ve de lo concreto a lo emocional
Puede resultar más fácil empezar por los hechos:
- «¿Ha pasado durante la clase o en el patio?».
- «¿Estabas solo o había más niños?».
- «¿Ha ocurrido una vez o varias?».
- «¿Ha sido algo que alguien ha dicho o algo que ha hecho?».
Después podemos acercarnos a la emoción:
- «¿Te ha dado más rabia o más vergüenza?».
- «¿Te has sentido apartado?».
- «¿Te preocupaba meterte en un problema?».
- «¿Qué parte ha sido la más difícil para ti?».
Permite otras formas de expresión
Hablar cara a cara no siempre es la vía más sencilla. Algunos niños se expresan mejor:
- Mientras dibujan o juegan.
- Durante un paseo o un trayecto en coche.
- Escribiendo una nota o un mensaje.
- Utilizando imágenes o tarjetas de emociones.
- Representando la situación con muñecos.
- Marcando una emoción en una escala.
- Hablando antes de dormir, cuando el ambiente está más tranquilo.
Lo importante no es que se comunique de una única manera, sino encontrar el canal en el que pueda sentirse más seguro.
Acepta que quizá no pueda hablar todavía
Podemos decirle:
- «No tienes que explicármelo ahora mismo».
- «Cuando estés preparado, puedo escucharte».
- «Si no sabes cómo empezar, lo pensamos juntos».
- «Puedes contarme solo una parte».
- «No necesitas tenerlo todo claro para hablar conmigo».
- «Aunque hayas cometido un error, quiero entender qué ha pasado».
Dar tiempo no significa ignorar el problema. Significa reducir la presión para facilitar que la comunicación aparezca.
Frases que pueden hacer que se cierre todavía más
Hay respuestas que surgen de la preocupación, pero que pueden aumentar el bloqueo:
- «Claro que lo sabes».
- «No me mientas».
- «Hasta que no me lo cuentes, no te vas».
- «Siempre haces lo mismo».
- «Si no me dices qué pasa, no puedo ayudarte».
- «No será para tanto».
- «¿Qué has hecho ahora?».
- «Mírame cuando te estoy hablando».
- «Pues si no quieres hablar, allá tú».
También conviene evitar ofrecer demasiadas soluciones antes de comprender qué necesita.
A veces el niño no busca que llamemos inmediatamente al colegio, que hablemos con otra familia o que resolvamos el conflicto. Primero necesita comprobar que puede contarlo sin perder el control sobre lo que sucederá después.
«¿Quieres que solo te escuche o necesitas que pensemos juntos qué hacer?»
Cómo ayudarle a comprender mejor lo que siente
La educación emocional no debería aparecer únicamente cuando existe un problema.
En momentos cotidianos podemos:
- Nombrar nuestras emociones de forma sencilla.
- Comentar cómo se sienten los personajes de un cuento o una película.
- Relacionar las sensaciones corporales con posibles emociones.
- Diferenciar entre enfado, frustración, decepción y vergüenza.
- Hablar de qué ocurrió antes, durante y después de una reacción.
- Utilizar escalas para indicar la intensidad del malestar.
- Recordar que una misma situación puede provocar emociones diferentes.
- Validar las emociones mientras mantenemos límites sobre la conducta.
Por ejemplo:
«Entiendo que te enfadara que cambiaran las reglas. Estar enfadado es válido, pero empujar no está bien. Vamos a pensar qué podrías hacer la próxima vez».
Comprender una emoción no significa justificar cualquier comportamiento. Nos permite intervenir sobre la necesidad que existe detrás y enseñar alternativas más adecuadas.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional?
Responder «no sé» ocasionalmente es habitual. Puede ser recomendable solicitar orientación cuando la dificultad para expresar lo que le ocurre es persistente y se acompaña de otras señales:
- Cambios frecuentes de humor sin una causa comprensible.
- Explosiones emocionales intensas.
- Aislamiento o rechazo a hablar con cualquier adulto.
- Dolores de barriga, cefaleas u otros síntomas físicos recurrentes.
- Miedo o rechazo a ir al colegio.
- Alteraciones importantes del sueño o el apetito.
- Dificultades continuadas con los compañeros.
- Incapacidad para pedir ayuda cuando la necesita.
- Preocupación, tristeza o irritabilidad que van aumentando.
- Dificultades para comprender y narrar situaciones cotidianas.
- Sospecha de acoso, amenazas o una experiencia que no se atreve a explicar.
- Comentarios relacionados con hacerse daño, desaparecer o no querer vivir.
Ante comentarios sobre autolesiones o deseo de morir, no conviene esperar a que pueda explicarlo perfectamente: es necesario buscar ayuda profesional urgente.
La valoración psicológica permite comprender si la dificultad está relacionada con la regulación emocional, la ansiedad, la comunicación, las experiencias sociales u otros factores.
El objetivo no es obligarlo a hablar, sino crear las condiciones para que pueda reconocer lo que siente, expresarlo de una forma segura y pedir ayuda cuando la necesite.
No siempre necesita más preguntas; a veces necesita más seguridad
Cuando un niño responde «no sé», podemos sentir que ha cerrado la conversación. Sin embargo, esa respuesta también puede ser el principio de algo que todavía está intentando comprender.
Quizá no necesite que encontremos inmediatamente la pregunta perfecta. Puede necesitar tiempo, calma y la certeza de que podrá hablar sin ser juzgado.
Nuestro objetivo no es conseguir que lo cuente todo en ese mismo momento. Es transmitirle:
«No necesitas entenderlo perfectamente para que yo quiera escucharte. Podemos descubrirlo juntos».
Psicología infantil en L’Hospitalet de Llobregat
En el Centro de Psicología Laura Aut, acompañamos a niños, adolescentes y familias de L’Hospitalet de Llobregat y el Baix Llobregat que presentan dificultades relacionadas con la comunicación emocional, la ansiedad, la regulación de las emociones, las relaciones sociales y el neurodesarrollo.
La intervención se adapta a las necesidades de cada niño y puede incluir identificación emocional, estrategias de regulación, habilidades comunicativas y orientación a la familia.
Si tu hijo responde constantemente «no sé», se bloquea cuando intentáis hablar o expresa el malestar mediante su conducta o su cuerpo, una valoración puede ayudaros a comprender qué está ocurriendo y cómo facilitar que se sienta escuchado.
Contacta con el Centro de Psicología Laura Aut
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Bibliografía recomendada
- American Academy of Pediatrics. Consejos para favorecer un desarrollo mental y emocional sano en su hijo .
- American Academy of Pediatrics. Formas cotidianas de hablar de salud mental: consejos para familias .
- UNICEF. Cómo conseguir que tu hijo adolescente te cuente lo que le pasa .
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