Tu hijo se sienta a hacer los deberes y, antes de empezar, ya parece agotado. Lee una instrucción, pero olvida lo que tenía que hacer. Se salta palabras, pierde el punto de lectura, se distrae con cualquier ruido y necesita levantarse varias veces.

Cuando finalmente termina, quizá han pasado dos horas para completar una tarea que otros niños resuelven en mucho menos tiempo.

Desde fuera puede parecer que no se esfuerza, que trabaja deprisa para terminar o que debería prestar más atención. Sin embargo, algunos niños están intentando afrontar al mismo tiempo una dificultad específica para leer y escribir y otra para regular la atención, organizarse y mantener la información activa.

La dislexia y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son condiciones diferentes, pero pueden aparecer juntas. Cuando esto ocurre, el esfuerzo necesario para aprender suele ser mayor y las dificultades no siempre se comprenden correctamente.

El niño no solo debe descifrar las palabras. También necesita recordar las instrucciones, controlar las distracciones, organizar la tarea, revisar los errores y sostener el esfuerzo hasta terminar.

Dislexia y TDAH no son lo mismo

La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta principalmente al reconocimiento preciso y fluido de las palabras, la decodificación y la ortografía.

Un niño con dislexia puede:

  • Leer de forma lenta o poco precisa.
  • Confundir, omitir o sustituir letras y palabras.
  • Tener dificultades para relacionar los sonidos con las letras.
  • Cometer faltas de ortografía persistentes.
  • Necesitar mucho esfuerzo para leer textos aparentemente sencillos.
  • Comprender mejor cuando escucha un texto que cuando debe leerlo.

El TDAH, en cambio, está relacionado con dificultades para regular la atención, la impulsividad y, en algunos niños, el nivel de actividad.

Puede afectar a procesos como:

  • Mantener la atención durante una tarea.
  • Iniciar una actividad sin necesitar recordatorios constantes.
  • Recordar varios pasos de una instrucción.
  • Organizar el material y el tiempo.
  • Controlar respuestas impulsivas.
  • Revisar el trabajo antes de entregarlo.
  • Mantener el esfuerzo cuando la recompensa no es inmediata.

Por tanto, la dislexia no aparece porque el niño esté distraído y el TDAH no se explica únicamente porque leer le resulte difícil.

Son condiciones distintas y cada una necesita una valoración y unos apoyos específicos.

¿Pueden aparecer la dislexia y el TDAH al mismo tiempo?

Sí. La investigación muestra que las dificultades lectoras y el TDAH aparecen conjuntamente con más frecuencia de la que cabría esperar por azar.

Algunos estudios sitúan esta coexistencia aproximadamente entre el 25 % y el 40 %, aunque las cifras pueden variar según los criterios utilizados y las características de la población evaluada.

Que aparezcan juntas no significa que una sea la causa de la otra. Actualmente se considera que pueden compartir algunos factores de riesgo y procesos cognitivos, pero mantienen características diferenciadas.

Cuando un niño presenta ambas condiciones, es importante comprender qué dificultades están más relacionadas con la lectura y cuáles con la atención y las funciones ejecutivas.

Por qué aprender puede requerir tanto esfuerzo

Para entenderlo, podemos imaginar lo que ocurre durante una actividad aparentemente sencilla: leer un enunciado y responder una pregunta.

El niño necesita:

  1. Orientar la atención hacia el texto.
  2. Reconocer las palabras escritas.
  3. Leerlas con suficiente fluidez.
  4. Comprender lo que significan.
  5. Recordar la información importante.
  6. Ignorar estímulos que no son relevantes.
  7. Pensar una respuesta.
  8. Organizarla y escribirla.
  9. Revisar si ha cometido algún error.

La dislexia puede hacer que gran parte de sus recursos se concentren en decodificar las palabras. Si además existe TDAH, puede resultarle difícil mantener la atención, recordar el inicio de la frase o controlar el impulso de responder antes de haber terminado de leer.

El resultado puede ser una lectura lenta, errores por precipitación, pérdida de información y una gran sensación de cansancio.

Esto explica por qué algunos niños parecen conocer la respuesta cuando se les pregunta oralmente, pero no consiguen demostrarlo de la misma manera en una actividad escrita.

Cómo pueden confundirse las señales

En ocasiones, una condición puede ocultar a la otra.

Cuando las dificultades lectoras parecen falta de atención

Un niño puede desconectar durante una lectura porque necesita realizar un esfuerzo muy elevado para seguir el texto. Puede mirar por la ventana, jugar con el lápiz o intentar cambiar de actividad.

Desde fuera parece distraído. Sin embargo, parte de esta desconexión puede ser una respuesta al cansancio o a la frustración que le produce leer.

Cuando el TDAH parece una dificultad lectora

Un niño con TDAH puede saltarse líneas, sustituir palabras o perder información porque lee de forma impulsiva y no mantiene la atención.

Esto no implica necesariamente que tenga dislexia. Para establecerlo es necesario comprobar si existen dificultades persistentes en procesos específicamente relacionados con la lectura y la escritura.

Cuando una buena comprensión oral oculta la dislexia

Algunos niños tienen un vocabulario amplio, buena capacidad para razonar y facilidad para expresarse. Estas fortalezas pueden compensar durante un tiempo sus dificultades lectoras.

El problema puede hacerse más visible cuando los textos se vuelven largos, aumenta la cantidad de deberes o se espera que aprendan principalmente mediante la lectura.

Cuando la hiperactividad oculta las dificultades de aprendizaje

Si el comportamiento es muy llamativo, los adultos pueden centrarse primero en que el niño se levanta, interrumpe o no termina las tareas.

Las dificultades lectoras pueden quedar en un segundo plano, especialmente si se atribuyen todos sus errores a la falta de atención.

Señales que pueden aparecer cuando coexisten dislexia y TDAH

No existe una única presentación. Sin embargo, algunas señales que pueden justificar una valoración más completa son:

  • Lectura lenta, poco fluida o con errores frecuentes.
  • Dificultades persistentes de ortografía.
  • Necesidad de releer varias veces el mismo enunciado.
  • Pérdida frecuente del punto de lectura.
  • Problemas para recordar instrucciones de varios pasos.
  • Olvidos constantes de libros, materiales o deberes.
  • Gran diferencia entre lo que explica oralmente y lo que escribe.
  • Respuestas precipitadas sin haber terminado de leer.
  • Dificultad para empezar y terminar las tareas.
  • Cansancio excesivo después de leer o hacer deberes.
  • Rechazo a leer en voz alta o realizar actividades escritas.
  • Comentarios como «soy tonto», «no sé hacer nada» o «todos terminan menos yo».

Estas señales no permiten realizar un diagnóstico por sí solas. También pueden aparecer por otros motivos, como ansiedad, dificultades del lenguaje, problemas de comprensión, falta de sueño o experiencias educativas insuficientes.

El impacto emocional de esforzarse sin conseguir el resultado esperado

Cuando un niño necesita invertir mucho más tiempo que sus compañeros y continúa recibiendo correcciones, puede empezar a pensar que el problema está en su inteligencia.

Quizá escucha con frecuencia:

  • «Si prestaras atención, lo harías bien».
  • «Sabes hacerlo, pero vas demasiado deprisa».
  • «Tienes que esforzarte más».
  • «Lo acabamos de explicar».
  • «No puedes olvidar siempre las mismas cosas».

Estas frases pueden hacerle sentir que sus dificultades dependen únicamente de su voluntad.

Con el tiempo, puede aparecer:

  • Baja autoestima académica.
  • Miedo a equivocarse.
  • Ansiedad ante los deberes o los exámenes.
  • Rechazo a ir al colegio.
  • Conductas de evitación.
  • Enfados frecuentes durante las tareas.
  • Desmotivación y abandono rápido.

En ocasiones, decir «no quiero hacerlo» resulta menos doloroso que reconocer «lo intento y no consigo hacerlo como los demás».

Por qué es necesaria una evaluación completa

Una evaluación no debería limitarse a confirmar si existe dislexia o TDAH. Su objetivo es comprender el perfil completo del niño.

Conviene valorar:

  • Precisión y velocidad lectora.
  • Procesamiento fonológico.
  • Ortografía y expresión escrita.
  • Comprensión oral y lectora.
  • Atención sostenida y selectiva.
  • Memoria de trabajo.
  • Velocidad de procesamiento.
  • Planificación, inhibición y flexibilidad.
  • Capacidad intelectual y perfil cognitivo.
  • Historia evolutiva y escolar.
  • Estado emocional y autoestima.
  • Información aportada por la familia y el colegio.

También es necesario comprobar si las dificultades aparecen en diferentes contextos y desde cuándo están presentes.

Una evaluación adecuada permite diferenciar si los errores se deben principalmente a una dificultad específica de lectura, a problemas atencionales o a la combinación de ambos factores.

Qué apoyos puede necesitar en el colegio

Los apoyos deben adaptarse al perfil del niño. No se trata de reducir todas las exigencias, sino de evitar que sus dificultades le impidan demostrar lo que sabe.

Algunas medidas que pueden resultar útiles son:

  • Presentar instrucciones breves y divididas en pasos.
  • Comprobar que ha comprendido la tarea antes de empezar.
  • Ofrecer más tiempo en actividades y exámenes.
  • Reducir la copia innecesaria de enunciados.
  • Permitir apoyos visuales y organizadores gráficos.
  • Facilitar textos con una presentación clara y poco sobrecargada.
  • Valorar el contenido sin penalizar siempre los errores ortográficos.
  • Combinar evaluaciones escritas con respuestas orales cuando sea adecuado.
  • Ubicarlo en un lugar con menos distractores.
  • Dividir las tareas largas en partes más breves.
  • Ayudarlo a revisar mediante una lista de pasos.
  • Anticipar fechas de entrega y exámenes.

Estas medidas no proporcionan una ventaja injusta. Buscan facilitar el acceso al aprendizaje y permitir que el niño muestre sus conocimientos.

Cómo pueden ayudar las familias

Separar la dificultad de la falta de esfuerzo

Podemos sustituir «no te concentras» por preguntas más concretas:

  • «¿Qué parte te está resultando difícil?».
  • «¿Necesitas que dividamos la tarea en pasos?».
  • «¿Te ayudaría que leyéramos juntos el enunciado?».
  • «¿Sabes qué tienes que hacer primero?».

Crear una rutina visual

Una secuencia breve puede reducir la cantidad de indicaciones verbales:

  1. Preparar el material.
  2. Leer la primera tarea.
  3. Subrayar lo importante.
  4. Realizar un bloque corto de trabajo.
  5. Revisar y descansar.

Alternar esfuerzo y descanso

Los periodos breves y estructurados suelen ser más eficaces que mantener al niño sentado durante mucho tiempo mientras su atención y rendimiento disminuyen.

Reconocer los avances concretos

En lugar de elogios generales, podemos señalar el proceso:

  • «Hoy has utilizado el marcador para no perder la línea».
  • «Has pedido ayuda antes de bloquearte».
  • «Has revisado las instrucciones antes de responder».
  • «Has terminado este bloque aunque te ha costado».

Proteger la relación familiar

Los deberes no deberían ocupar todo el espacio de la tarde ni convertir cada día en una lucha.

El niño también necesita tiempo para jugar, descansar, moverse y realizar actividades en las que se sienta competente.

Tratar una dificultad no hace desaparecer automáticamente la otra

La intervención debe responder a todas las necesidades identificadas.

El tratamiento del TDAH puede ayudar a regular la atención, la impulsividad y la organización, pero no enseña por sí solo a leer con mayor precisión o fluidez.

Del mismo modo, una intervención específica en lectura y escritura no siempre resuelve las dificultades para iniciar tareas, organizarse o controlar las distracciones.

Cuando ambas condiciones aparecen juntas, suele ser necesario combinar:

  • Intervención específica en lectura y escritura.
  • Trabajo sobre las funciones ejecutivas.
  • Adaptaciones escolares.
  • Orientación a la familia.
  • Coordinación con el centro educativo.
  • Apoyo emocional cuando la autoestima se ha visto afectada.
  • Valoración médica del TDAH cuando sea necesaria.

No necesita esforzarse más, sino recibir apoyos más ajustados

Un niño con dislexia y TDAH puede estar realizando un esfuerzo enorme que no siempre se refleja en sus resultados.

No necesita escuchar continuamente que debe concentrarse, leer más deprisa o revisar mejor. Necesita comprender cómo aprende, disponer de estrategias concretas y recibir apoyos adaptados a su perfil.

Cuando comprendemos por qué una tarea le cuesta tanto, dejamos de interpretar sus dificultades como falta de interés y empezamos a ofrecerle herramientas que realmente puede utilizar.

Evaluación de dislexia y TDAH en L’Hospitalet de Llobregat

En el Centro de Psicología Laura Aut, en L’Hospitalet de Llobregat, realizamos evaluaciones e intervenciones ante dificultades relacionadas con la dislexia, el TDAH, el aprendizaje, las funciones ejecutivas y la regulación emocional.

La valoración permite identificar las fortalezas y necesidades del niño, diferenciar el origen de sus dificultades y diseñar un plan personalizado.

La intervención puede incluir trabajo específico en lectura y escritura, estrategias para la atención y la organización, acompañamiento emocional, orientación familiar y coordinación con el centro educativo.

Si observas que tu hijo necesita un esfuerzo excesivo para leer, escribir, organizarse o terminar sus tareas, una evaluación puede ayudaros a comprender qué está ocurriendo y qué apoyos necesita.

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